Pone el cuerpo

“Migrantes”: la obra de teatro para un sólo espectador que te involucra en sus conceptos

Ignacio Bottaro
por Ignacio Bottaro |
“Migrantes”: la obra de teatro para un sólo espectador que te involucra en sus conceptos

La experiencia de participar de una obra de teatro para un sólo espectador resultaba, a priori, una aventura difícil de comprender. La propuesta es tan innovadora como interesante y atrapante. No hay escapatoria a una trama que, en este caso en particular, necesita de nuestra atención.

Migrantes” trata sobre aquellos que, en algún momento de su vida, decidieron dar un salto de fe y arriesgarse a abandonar su tierra natal para buscar mejores oportunidades. O alguna, aunque sea. Cuando tu identidad se ve desvanecida ante la discriminación, los preconceptos, la desidia, la ignorancia de aquellos ajenos en los que se busca refugio.

La obra es para un sólo espectador y está dividida en tres etapas, de diez minutos cada una: “Conventillo ”, “La Cautiva ” y “Negra ”. En cada una de ellas, uno debe presentar el “pasaporte” que le entregan cuando ingresa a El Sábato, Espacio Cultural. La experiencia llama a la incomodidad circunstancial: si verdaderamente uno estuviera cómodo es porque no está comprendiendo la gravedad y profundidad del concepto.

Uno ingresa a esa primera etapa y es recibido de manera agradable. Con una sonrisa, te ofrecen limonada y pan dulce, con varios indicios visuales de lo que se está celebrando es la Navidad. Allí, te hacen ingresar a un gabinete de chapa muy bajo, de tres metros de largo y menos de un metro y medio de ancho. El clima cambió adentro.

Lo que era una celebración por fuera, era la ironía que estaban viviendo adentro cuatro inmigrantes de México, Colombia, Paraguay y Chile. Una escena que quizá muchos hemos escuchado de nuestros antepasados cuando llegaban al puerto de Buenos Aires y tenían que hospedarse en aquellos conventillos de Barracas y La Boca.

Pero es una escena actual. Un viaje en el tiempo a nuestra era cuando, muchas veces, la realidad cotidiana no nos hace ver que hay historias de hacinamiento y adversidades mismo en nuestro presente.

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Migrantes
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Ellos ríen. Cuentan historias. Insultan al encargado del conventillo que los calla a los gritos. Ellos extrañan. Ellos saben que el sacrificio es enorme, pero no pierden la esperanza de que sus propias vidas individuales cambien. Uno, que está allí dentro, siente el calor, el hacinamiento, los cortes de luz, las pequeñas sonrisas ante anécdotas tan incomprensibles como increíbles. Ellos se tienen unos a los otros y es eso los que los mantiene unidos. Después de un breve brindis, con cierta esperanza que genera la Navidad, pasamos a la segunda etapa.

La misma persona, con una sonrisa amable, te invita a cambiar de habitación. Allí la atmósfera se transforma y no estamos más en nuestro tiempo. Viajamos a principios del Siglo pasado. Podríamos estar en una cantina de San Telmo, caminando entre parejas que bailan tango. Apenas se entra, te recibe una mujer de rostro triste, pidiendo auxilio a través de la mirada, pero atada a una vida que no eligió.

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Migrantes
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El segundo gabinete es la cantina en sí. Acodado en un pequeño estante, uno es participe de cómo una pareja de tango disfruta, entre charlas al oído y comentarios pícaros, del momento de conexión entre ambos. Ingresa esa mujer junto con otro muchacho. La discusión por un objeto toma rumbos que a uno le hacen pensar qué haría estando en ese lugar.

Porque la realidad marca que uno está en ese lugar. Es testigo. Es el único testigo de la situación. El “tano, la “gallega”, la “polaca”, la “mina”, tantas etiquetas que se plantan sobre la mesa y abren a la reflexión.

La etapa final nos ubica en un primer momento de interrogatorio. Como un proceso de migraciones rígido, intransigente, con una agente que se nos muestra inquisidora en las preguntas. A oscuras y sólo con un velador incómodo que nos apunta en las respuestas.

De allí, pasamos a un nuevo gabinete donde estás sentado sólo, de frente ante dos mujeres. Sostener la mirada no es fácil. Cuando creías que tu interrogatorio había sido inquisidor, te das cuenta que tuviste suerte. Allí ves cómo les hicieron las preguntas. Cómo es el cuestionario a dos mujeres que vienen de otro país, que quieren una vida nueva. Lo que realmente es inquisidor.

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Migrantes
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A ellas les dijeron “Negra”. Las etiquetaron. Les hicieron creer que por su tono de piel, las oportunidades no serían las mismas. Les demostraron que así sería. Que toda una sociedad ciega las rechazaría. Este fragmento está basado en el poema “Me gritaron negra” de la compositora peruana Victoria Santa Cruz.

Lo que sería una marca para ellas es un reflejo de una sociedad que no hace falta viajar al Siglo XIX para encontrar. Vivimos envueltos en esas historias. Quizá no somos conscientes de aquellos que dejaron todo por un futuro mejor. La ironía alcanza a mi reflexión cuando se escuchan comentarios xenófobos en nuestro presente, pero se le valora a sus bisabuelos cuando llegaron a estas tierras. ¿Cuál es la diferencia? ¿Con qué superioridad se puede juzgar?

El concepto de “Migrantes” dispara pensamientos y reflexiones que muchas veces se ocultan en nuestro día a día, pero que están demasiado cerca de nosotros. Cuando ser migrantes, en definitiva, es todo lo que somos.

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Migrantes
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El ciclo pertenece a la compañía Monomujer. Cuenta con la dirección general de Luz Moreira y actuaciones de Pamela Pérez Adomaitis, Olave Mendoza, Melina Cruz, Hernán Staiger, Fausto Perna, Mariana Giménez, Marisol Barberis, Agustín Calderone, María Vera, Gabriel Carasso, Jimena García Conde, Virginia Curet y Luz Moreira.

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