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La experiencia. "Para mi ser drag no es solo montarse y hacer una perfo-cuenta Sónica-, sino que en el momento en que te ponés una peluca ya estás haciendo algo político, porque la sociedad no quiere que andes con peluca”. La host del ballroom también cuenta que en el drag encuentra “una manera de desarmar todo lo preestablecido sobre cómo ser varón o mujer” y que en este lugar “eso siempre se está deconstruyendo” .
Entre el brillo del glitter y la destreza para bailar y hacer lipsync (playback) lxs participantes compiten para llevarse el reconocimiento del jurado, $1000 en efectivo en las categorías principales y $500 en el freestyle.
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Más allá del premio en cash, el ballroom también funciona como un refugio para todxs lxs que tienen ganas de mostrarse y sentirse distintxs. “Para mi el ball y la fiesta son algo central, son cultura y bajo el contexto donde vivimos, donde la gente está alienada o tiene poco tiempo, la fiesta es uno de los pocos refugios para expresar nuestra libertad y nuestro costado lúdico”, dice Rodrigo. Es por eso que esa pasarela, ese ball, termina siendo para muchxs un espacio de resistencia.