El presente de Alpine dejó de ser exclusivamente deportivo. Mientras el equipo mostraba señales de crecimiento en pista, una fuerte disputa interna entre accionistas encendió las alarmas y puso en duda su futuro en la Fórmula 1.
Una fuerte disputa entre accionistas, el uso del derecho a veto y posibles nuevos socios configuran un escenario de máxima tensión en la escudería francesa.

El presente de Alpine dejó de ser exclusivamente deportivo. Mientras el equipo mostraba señales de crecimiento en pista, una fuerte disputa interna entre accionistas encendió las alarmas y puso en duda su futuro en la Fórmula 1.
Según informó el medio especializado L’Informé, Renault, accionista mayoritario, decidió hacer uso de su derecho a veto para bloquear cualquier operación sobre la porción minoritaria del equipo. La medida fue impulsada por su CEO, François Provost, quien descartó una alternativa promovida por Christian Horner.
El argumento oficial fue la necesidad de “preservar el equilibrio y la estabilidad institucional”, pero la decisión generó un quiebre con el grupo inversor Otro Capital, que posee el 24% de la escudería. De hecho, la tensión escaló rápidamente: “La reunión de noviembre en París fue muy tensa, fue un infierno”, reveló una fuente al medio francés.
El uso de esta herramienta dejó en evidencia el poder de decisión de la casa matriz y limitó las posibilidades de negociación del resto de los accionistas. Desde entonces, la relación entre las partes quedó prácticamente rota, al punto que, según trascendió, Provost y Alec Scheiner —representante de Otro Capital— no volvieron a dialogar.
Este escenario genera incertidumbre en torno a la conducción del equipo y abre interrogantes sobre su estructura a mediano plazo.
El punto clave de la disputa tiene fecha: el próximo 13 de septiembre. Ese día, expirará el derecho a veto de Renault, lo que podría modificar por completo el equilibrio de poder dentro de Alpine.
A partir de ese momento, Otro Capital tendría mayor libertad para avanzar en la búsqueda de un comprador sin necesidad de aprobación de la automotriz francesa. Incluso, evalúan la posibilidad de impulsar una subasta para maximizar el valor del equipo.
Actualmente, la escudería está valuada en alrededor de 2.500 millones de dólares, un crecimiento notable respecto a 2023, cuando su tasación era de 900 millones.
En paralelo, aparece un actor clave: Mercedes-Benz. La marca alemana será proveedora de motores para Alpine desde 2026, lo que abrió la puerta a negociaciones más profundas.
Incluso, Flavio Briatore confirmó que existen conversaciones entre ambas partes. Según The Race, Mercedes analiza reducir su cartera de equipos clientes, y convertirse en socio directo de Alpine sería una jugada estratégica.
En un contexto donde el negocio del suministro de motores tiene márgenes acotados por la regulación, sumarse como accionista podría fortalecer su posición dentro de la categoría.
Mientras tanto, Alpine navega una doble realidad: crecimiento deportivo y conflicto institucional. El desenlace de esta disputa podría redefinir no solo su estructura, sino también su lugar en la Fórmula 1 en los próximos años.