El 28 de mayo de 1995, el Gran Premio de Mónaco fue testigo de un momento tan inesperado como inolvidable: Diego Armando Maradona, en plena sanción por doping tras el Mundial de Estados Unidos 1994, irrumpió en el paddock de la Fórmula 1 con su carisma inconfundible. Acompañado por su entonces esposa, Claudia Villafañe, se paseó por el glamoroso mundo del automovilismo con la misma naturalidad con la que lo hacía en una cancha de fútbol.
