Visitas llenas de amor y rutina emocional
Miguel Ángel explicó que su frecuencia de visitas cambió por cuestiones emocionales. “Voy dos o tres veces por semana porque me hace mal. Tomo un café, le hablo. Por ahí nada, pero bueno”, detalló, mostrando la carga emocional que implica cada encuentro. La tristeza convive con el amor y la fidelidad de una amistad que lleva décadas.
“Siempre que llego cuando está ahí le entro cantando ‘Es el equipo del Narigón’. Siempre lo mismo. Le canto, lo abrazo, lo beso”, contó. Y agregó una anécdota que refleja el desconcierto del presente: “Después le digo chau y me dice ‘¿te vas?’. Y yo le digo: ‘Si usted está dormido’”.
La enfermedad y sus consecuencias
El síndrome de Hakim-Adams fue detectado en Bilardo poco antes de la pandemia. Su hermano, Jorge Bilardo, contó en otras entrevistas que la condición no sería causa directa de su muerte, pero sí afecta profundamente su calidad de vida. “Nos reconoce a todos, eso es bueno, pero no tiene la charla de una conversación. Habla poco”, había señalado Jorge en su momento.
Para quienes lo rodean, la situación es cada vez más difícil de procesar. “A veces me vuelvo llorando. Yo voy caminando, son 21 cuadras. Y hay muchas veces que me vengo re mal”, confesó Lemme, dejando en evidencia el dolor que provoca ver apagarse poco a poco a una de las leyendas vivas del fútbol argentino.
Un legado imborrable
A mediados de mayo, Bilardo recibió la visita de exjugadores y allegados a Estudiantes de La Plata, entre ellos José Sosa, Pablo Lugüercio, el médico Pedro De Barrio y el propio Lemme. La imagen de ese encuentro fue compartida por Lugüercio, quien recordó cómo Bilardo transformó la historia del club, apostando siempre por las divisiones juveniles y sembrando valores como la dignidad, el esfuerzo y la entrega.