4. La actual suba del precio del petróleo y de las commodities agrícolas (soja, trigo y maíz) afecta la estructura de costos de las economías y deriva en impulsos sobre la inflación. En efecto, esto es lo que motivó principalmente el regreso de las inflaciones registradas el año pasado. Lo vimos en el registro inflacionario de Estados Unidos.
5. Una mayor presión inflacionaria debería activar la política monetaria a través de la suba de tasas. El costo del crédito aumenta y, para economías con acceso restringido al mercado de capitales y situaciones complejas de deuda que afrontan refinanciaciones y revisiones de sus pasivos financieros, no es un dato alentador.
6. En el caso de la economía argentina se observan aspectos no muy alentadores. Por un lado, el aumento de los precios de las materias primas de origen agrícolas es alentador porque se traduce en mayor nivel de exportaciones; es decir, una mayor oferta de divisas, matizando las tensiones de la cuenta financiera del Balance de Pagos y, en definitiva, el saldo de las reservas del Banco Central. Por otro lado, un mayor impulso inflacionario en el mundo por aumento de costos de energía, pueden activar un sendero de subas de tasas de interés y flujos de capitales hacia activos seguros en lugar de economías emergentes.
7. Un mayor nivel de costos de energía, apreciación del dólar y salida de capitales de países emergentes plantean un escenario de mayor complejidad para el estabilizar económica interna; es decir, una mayor intensidad de las medidas de política.
Todo esto se intensificará con la extensión del conflicto.
(*) El autor es investigador del IAE Business School, escuela de negocios de la Universidad Austral y uno de los autores del Informe Económico Mensual (IEM) de la misma escuela de negocios.