En primer lugar se trata de una no inversión, es decir tiene rendimiento cero.
Y, en segundo lugar, se expone a la familia a un problema de seguridad, teniendo en cuenta los numerosos casos de robos que se han registrado, no importa si es un edificio, una casa o dentro de un country o un barrio cerrado.
En tal caso, si existe cierta reticencia a pensar en qué invertir dólares, hay otras alternativas que pueden resguardar el capital sin exponerse a riesgos.
Por ejemplo, dejar el dinero en una caja de seguridad bancaria o interbancaria. En este caso quedaría resuelto el problema de la inseguridad, pero a costa de realizar una inversión negativa.
Se trata de un alquiler trimestral que puede tener un costo de hasta 1000 pesos por el período, es decir más de 4.000 más IVA anual, dependiendo el tamaño. Por lo tanto, no sólo se pierde por la depreciación de la moneda con el paso del tiempo, sino por el costo del alquiler.
Por lo tanto, sigue sin quedar resuelta la problemática de en qué invertir dólares. Y allí es donde los famosos “brokers” (personas expertas en economía, finanzas y movimiento de capitales), entran en juego para asesorar a las personas en la toma de decisiones inteligentes que les garanticen que no perderán ni un centavo de sus preciados ahorros logrados con esfuerzo durante la mayoría de los años de su vida.
Los bonos, títulos públicos, los famosos “letes” que no se sabe hasta cuándo estarán en vigencia y la clásica inversión en monedas alternativas como las bitcoins, se transforman en una opción que permite mover el dinero sin estancarse ni perderlo.
Pero desde ya que en todos esos casos es necesario el asesoramiento profesional que tendrá un lógico costo de honorarios, como cualquier otro servicio. De todas formas, si la inversión presenta una tentadora propuesta de rentabilidad, eso no será un problema.
Y, como última opción viable, también se puede apelar a los famosos préstamos entre privados.
En los últimos tiempos volvió una opción muy utilizada en la década de 1990, que son los créditos directamente entre personas. En algún momento se los llamó erróneamente préstamos "de escribanía" porque en general hay una garantía hipotecaria asociada y el mutuo se firma en una escribanía o porque las firmas de los intervinientes deben quedar certificadas.
Es importante tener en cuenta que en estos casos la tasa de interés es mucho mayor y puede oscilar entre el 12% y el 18% anual en dólares, con intereses que se pagan en forma mensual o trimestral.
Otro dato importante es que en estas operaciones el riesgo es mucho mayor y depende en buena medida de la confianza que exista entre las partes, como también la garantía que respalda el crédito. Quien otorga un crédito de estas características debe estar consciente que asume un riesgo mayor que en otras opciones más comunes y tradicinales.
Como respaldo histórico, al estallar la Convertibilidad en el 2001, estos préstamos en dólares quedaron en un limbo hasta que la Corte Suprema falló varios años después, dictaminando el "esfuerzo compartido", es decir que los contratos se pesificaron con un dólar intermedio entre el 1 a 1 y el tipo de cambio vigente al momento. Pero en concreto, tal como sucedió en aquella época con todos los que prestaban en dólares, nunca se recuperarán las divisas invertidas originalmente.
La economía argentina es dicotómica, cambiante, y presenta agresivos impactos sorpresivos en la población. Por eso es considerada una de las más inestables de América Latina y es la fuente de quejas y migraciones del país por parte de muchos ciudadanos. Es importante tener ese contexto presente al momento de recordar que un artículo de estas características podría quedar en desuso de un día para el otro, con las diferentes normativas que se lanzan continuamente ya sea por parte de un mismo gobierno como en el proceso de transición hacia uno nuevo.
La respuesta a en qué invertir dólares estará, entonces, en el marco de situación de cada persona, teniendo en cuenta todos los datos expuestos y estando atento a la coyuntura global del país.