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Economía

Pobreza infantil: un estudio de la UCA reveló la actualidad de los menores en argentina

Según los datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), más de la mitad de los niños y adolescentes siguen siendo pobres. Persisten la indigencia, la inseguridad alimentaria y una fuerte dependencia de la asistencia estatal.

22 de abril de 2026 - 09:17
Pobreza infantil: un estudio de la UCA reveló la actualidad de los menores en argentina

Pobreza infantil: 6 de cada 10 niños son pobres y el 30% no come, según la UCA

La pobreza en niños y adolescentes se ubicó en el 53,6% en 2025, mientras que la indigencia alcanzó al 10,7%, según la Universidad Católica Argentina. Si bien los datos reflejan una leve mejora en los últimos dos años, el informe advierte que las privaciones estructurales y las desigualdades sociales continúan afectando de manera crítica a las infancias.

Una mejora que no alcanza a revertir la tendencia

Los datos surgen de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), elaborada por la UCA, que remarcó que el descenso registrado “trae alivio”, pero no implica una solución de fondo.

La serie histórica evidencia un problema persistente: en 2010, la pobreza infantil era del 45,2%, luego bajó momentáneamente en 2011 y 2012, pero desde entonces inició un deterioro casi constante. El pico se registró entre 2020 y 2021, con niveles cercanos al 65%, y un máximo en 2023 del 62,9%.

pobreza

Aunque los valores de 2024 y 2025 muestran una recuperación, el informe advierte que siguen muy por encima de los mejores registros de la década pasada.

En cuanto a la indigencia, el comportamiento fue similar. Tras bajar a 8% en 2011-2012, escaló hasta un máximo de 17,7% en 2024. En 2025 retrocedió al 10,7%, una caída significativa pero aún dentro de niveles elevados.

Inseguridad alimentaria y asistencia en niveles críticos

Uno de los datos más sensibles del informe es el de la inseguridad alimentaria: el 28,8% de los niños y adolescentes la padeció en 2025, mientras que el 13,2% se encuentra en situación severa.

Si bien estos números mejoraron respecto al año anterior, todavía no logran volver a los niveles previos a 2017. El problema se concentra en los sectores de menores ingresos y tiene mayor impacto en el conurbano bonaerense.

En paralelo, la asistencia alimentaria alcanzó un récord del 64,8%. Este crecimiento se explica por la expansión de comedores escolares y comunitarios y por políticas implementadas desde 2020, como la Tarjeta Alimentar.

pobreza e indec

Transferencias sociales: alcance limitado

El informe también señala que la cobertura de programas como la Asignación Universal por Hijo (AUH) llegó al 42,5% de los niños, lo que representa una baja de 3,3 puntos porcentuales respecto a 2024.

Desde la UCA remarcaron que estas transferencias llegan principalmente a quienes más lo necesitan, pero no logran cubrir a toda la población vulnerable.

La investigadora del Observatorio de la Deuda Social, Ianina Tuñón, explicó: “Estas políticas no fueron diseñadas para cubrir completamente los ingresos de los hogares, sino para equiparar el salario familiar entre trabajadores formales e informales”.

En ese sentido, subrayó que la solución de fondo pasa por mejorar las condiciones laborales de los adultos.

Una crisis multidimensional en las infancias

El estudio expone que la pobreza infantil no es solo una cuestión de ingresos, sino que atraviesa múltiples dimensiones.

Entre los indicadores más preocupantes, se destaca que el 19,8% de los niños dejó de asistir al médico o al odontólogo por razones económicas en 2025. La salud bucal aparece como la más relegada, evidenciando una deuda histórica del sistema sanitario.

En términos habitacionales, el 18,1% vive en viviendas precarias y el 20,9% en condiciones de hacinamiento. Además, el 42% no tiene acceso adecuado a servicios de saneamiento.

A esto se suma que el 37,5% enfrenta privaciones en vestimenta, con impacto no solo material sino también emocional.

Menos nacimientos, otra señal de la crisis

El informe también advierte sobre un cambio demográfico relevante: la caída de la natalidad. En 1991, el 56% de los hogares tenía niños y adolescentes. Según el censo de 2022, ese porcentaje descendió al 44%. La tasa de fecundidad se ubicó en 1,4 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo.

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