Cuando las tasas bajaron fuertemente, dejó de tener sentido esa operatoria. Ahora las empresas empezaron a tomar deuda en pesos y demandar más moneda local.
Por otro lado, la liquidación de exportaciones no es tan alta como se preveía. Datos de la oposición advierten que es menor incluso que con la sequía del año pasado.
En combinación con eso, los mercados entienden que el tipo de cambio está atrasado y que la inflación ya se comió buena parte del aumento de la competitividad producto de la última devaluación. Eso genera la expectativa latente de que podría haber otra devaluación que se vaya a pesos.
En ese contexto -y con tasas de interés pisadas- el dólar vuelve a ser una opción de ahorro para los argentinos.