"Como mínimo tiene que haber tenido un hijo y no haberlo abandonado nunca. Para ser carrier además uno tiene que pasar por miles de exámenes físicos, psicológicos y psiquiátricos antes de ser aceptada", explicó.
"Otra cosa que no me gustó. La mujer que va a subrogar no es una clienta. El personaje de Emilia Mazer, actriz a quien admiro, hace el rol del nexo entre una agencia de mamás sustitutas y madres biológicas o "en potencia", como las llamo yo, tiene que ser de un amor y una contención fuerte para ambas partes. Es el lazo que los une. No puede estar revoleando dinero ni diciendo 'firmen acá' o 'la clienta'. Entiendo que estamos hablando de una ficción. Pero me preocupa lo que le queda a la gente: que esto es un comercio".
"Si una mujer no tiene una misión especial para ayudar a otra mujer a ser madre, no se puede. Esto puede crear la fantasía que una mujer lo hace por dinero y no es así. Sí se le tiene que pagar. En Estados Unidos, en los ocho estados donde está aprobada la ley debe cobrar veinte mil dólares que se le pagan por mes. Nadie se va a hacer millonario ni dejar de trabajar en su vida por haber alquilado su vientre", manifestó indignada.
"En realidad está mal decir 'alquilar' un vientre. Prefiero decir 'un préstamo de vientre momentáneo'. Ni siquiera hay que donar un órgano. No hay que arrancar un riñón ni nada parecido. La gente tiene que evolucionar y saber que un vientre se presta. Tampoco se arranca un útero para ayudar a esa persona", detalló.
La periodista también se molestó con "Ese manejo comercial que se mostró ayer me mató y no me gustó. Aunque después se convierte en algo lindo porque es mamá. Que haya cuatro mamás, dieciocho o veinticinco bienvenidas sean. Mientras sea con amor", destacó.