Otra vez Russo, como aquella vez Guillermo en Madrid, prescinde de la categoría de Cardona para este tipo de partidos. Tiene mejor prensa el esfuerzo que la claridad conceptual. Y así se impusieron en la formación Soldano, Capaldo y el Pulpo González en detrimento del colombiano.
Boca recicla a su plantel y cambia de técnico, pero comete los mismos errores. Se aferra un supuesto pragmatismo, pero desde octavos de final el equipo no hizo goles en 6 partidos. Y este dato desnuda la carencia ofensiva de un equipo que debiera tener mayores ambiciones.
La verdad es que en los últimos años a Boca le alcanza para superar rivales inferiores en calidad, pero se ahoga en la orilla ante los grandes retos. Y allí debe incluirse el complejo de inferioridad que siente cuando enfrenta a River. Desde ahí que los círculos viciosos lo llevan al mismo punto de conflicto.
Con efectos residuales de Madrid, con jugadores que llegaron luego pero también ingresan en el mismo túnel, con un emblema como Tevez que esta vez sí tuvo más pista que en las etapas anteriores y que terminó siendo el protagonista de los mejores momentos del equipo. Y hasta esas apariciones de Carlitos generaron la difusa sensación que Boca estaba más listo para estos desafíos.
Será un tiempo para que Riquelme diseñe el perfil de Boca que quiere, ha heredado gran parte del plantel y aquellos que llegaron (Cardona, Zambrano, Pulpo González), terminaron jugando poco y nada. Esta transición le alcanzó para ser campeón en marzo del año pasado. Pasó una pandemia y el equipo nunca pudo acentuar aquellas virtudes.
La peor de las derrotas para Boca. La que lo deja vacío de contenido, y sobre todo de espíritu. Sin alma, sin fútbol y con poco carácter para deshacerse de los prejuicios del pasado.