El grito de Boca campeón fue un desahogo. Significó un cambio de época. Romper con los estigmas frente a River. Creer en lo propio. Tenía motivos Boca para confiar en este renovado equipo.

El grito de Boca campeón fue un desahogo. Significó un cambio de época. Romper con los estigmas frente a River. Creer en lo propio. Tenía motivos Boca para confiar en este renovado equipo.
El Boca de Riquelme nació ganador. Román eligió el oficio de Miguel, conocedor del mundo Boca y arquitecto de un nuevo equipo con los mismos recursos. Potenció jugadores que habían perdido continuidad: Buffarini, Fabra, Villa, Salvio, Soldano. Alumbró a Campuzano que no había tenido oportunidades. Y sobre todo, le devolvió a Tévez la pasión por este juego. Román, Miguel y Carlitos constituyen la Santísima Trinidad de este éxito.
Riquelme hizo una de las suyas, mientras todos esperaban cierto rencor con Tevez por diferencias del pasado y hasta lo veían a Carlitos fuera de Boca, Román tuvo una charla sincera donde le encomendó el liderazgo del equipo. Y le recordó que su carrera merecía un mejor final. Eso es entender la sensibilidad del futbolista. Eso es Román en Boca, un estratega ahora en la gestión del recurso humano.
Ahora sí Tévez es la bandera de este Boca. Alfaro se la prometió y no se la cumplió. El mellizo tras su vuelta de China no lo consideraba útil. Había que sincerarse con Tévez, que pasó de ser suplente de Hurtado y Soldano en aquel partido por la 5ta. fecha en el Monumental a marcar 6 goles en los últimos 7 partidos.
Este título para el pueblo xeneize tiene el embriagante sabor de destronar al River de Gallardo. La sensación de arrebatarle el título, situación que nunca había ocurrido en una disputa entre ambos en la última fecha de un torneo. Sobre todo porque River cedió en el tramo final. No se esperaba el declive del equipo de Gallardo, aunque el fixture indicaba mayor dificultad para River que para Boca.
Cuando River despierte de esta pesadilla, empezará a entender más allá de las broncas con el arbitraje de Loustau, que este torneo se le escapa de una manera inesperada y que tiene sus responsabilidades. Se revisará si no le queda un plantel con futbolistas muy consagrados pero con el reloj biológico titilando.
Es justo reconocer que tampoco la cátedra confió en este Boca, que hizo poco ruido en el mercado de pases, como se acostumbraba, y eso era motivo suficiente para descartarlo de la pelea. Si hasta no se sospecha que el equipo de Russo se propusiera cuando el comenzó el año pelear definitivamente la Superliga.
Lo pierde River, y lo gana Boca en ese orden. Llegó menos presionado el equipo de Russo que era muy eficaz. Se daba por supuesto que este equipo de Gallardo, acostumbrado a este tipo de partidos cruciales, no iba a flaquear.
Todos los imperios se acaban, y veremos si este golpe hace ruido en River, o lo fortalece para las adversidades que podrán venir. Y este golpe de efecto de Boca, que pareciera romper con una serie de derrotas durísimas frente al rival de siempre, demostrará si lo hace sobrevivir a aquellos espantos a volver a sentirse un equipo ganador. Con todo lo que ello signfica.