No fue bueno el partido de River, sobre todo en el segundo tiempo. Se esgrimió como atenuante el poco tiempo de descanso luego del choque del jueves en Paraguay. Pero le faltó contundencia, sobre todo en el primer tramo del partido. A pesar de sostener el ritmo, le costó perforar a un Boca que en ese lapso defendía exclusivamente.
Algunos pensaran que éste fue un ensayo general para los cruces de semifinales de octubre. Boca apelará a otros nombres en el ataque como Salvio y Ábila. River ya dispondrá de la excelsa zurda de Juanfer Quintero. Para Boca no sería conveniente apelar a estas herramientas para sobrellevar una serie donde el gol como visitante tiene su incidencia. Ni fiarse del punch de River.
Alfaro creyó que Boca necesitaba no perder para fortalecer la personalidad de su equipo y puede tener mérito. Pero si el técnico de Boca considera que esa tesitura amarrete le permitirá sobrellevar sin dificultades una semifinal de Libertadores frente a River podría equivocarse. Hasta la postergación de un jugador de la categoría de Tevez parece desmedida. Si hay un futbolista que puede inspirar el respeto del rival es justamente Carlos, y él le reservó apenas los últimos minutos dentro de un destino de partido difícil de modificar.
River deberá aceptar con orgullo y sin quejas que hasta un rival de su mismo peso como éste Boca lo respete reverencialmente. Y tendrá que buscar Gallardo la manera de romper con mayor agresividad a un adversario que ya le dio esos indicios. Alfaro rescata del manual de su carrera los mandamientos para aguantar como se pueda, aunque hoy disponga de un plantel con categoría para intentar algo más. Quizás respete su naturaleza, que es lo que lo llevó a Boca para renovar plazos fijos.