Opinión

El caso de Sebastián Villa le saca seriedad al proyecto de Boca

Las idas y vueltas de Boca con el colombiano Sebastián Villa detienen la búsqueda de seriedad que tanto le quiere dar la dirigencia encabezada por Ameal y Riquelme.
Hugo Balassone
por Hugo Balassone |
Villa volvió a jugar en Boca

Villa volvió a jugar en Boca, pero en Reserva. Gol y codazo que debió costarle la roja. 

El caso Villa condiciona los planes de Boca. Detiene la naturaleza de cualquier proyecto que pretenda ser serio. Reduce las expectativas de la promoción de juveniles como Zeballos. Y decepciona a los hinchas que pretendían no verlo más con la camiseta de Boca luego de un desplante histórico.

Jugó en la reserva. Pegó un codazo a un juvenil de Gimnasia y debió ser expulsado. Festejó su gol con baile y coreo junto a sus compañeros. Todo tan fuera de contexto como aquel baile frente a Claypole en los comienzos de la Copa Argentina.

La decisión de Boca de darle cabida obedece a cuestiones deportivas, la urgencia de ganar la Copa Argentina, como si la sola presencia de Villa le garantizara el éxito. Pero sobre todo responde a cuestiones de patrimonio y la búsqueda de desprenderse rápidamente de un jugador que se volvió una bomba de tiempo. Si no juega, pierde valor.

A veces es mejor perder para después ganar.

Villa se quiso ir de Boca. El club, con buen criterio, no quiso ser avasallado por los representantes del jugador y no aceptó ofertas que consideraba insuficientes. Pero aquella postura que marcaba un principio saludable de distancia sobre la influencia de los empresarios se volvió con el tiempo un inconveniente para profesar el primer mandamiento de la gestión Riquelme: el factor pertenencia.

Villa abandonó Boca. Volvió porque sabía que no tenía motivos para incumplir un contrato vigente. Adujo motivos personales para irse a Colombia y terminó apareciendo de fiesta en sus redes. Después de cumplir con la penitencia, Boca lo reivindica deteriorando los valores que pretende plasmar. En el medio estará el debate del dinero que ganará o dejará de ganar en una posible venta. A veces, aunque los asientos contables no lo indiquen, el orgullo debería estar por encima de todo.

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