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La interna de Boca: un conflicto de difícil resolución con actores en perspectiva de crisis permanente

La interna de Boca: un conflicto de difícil resolución con actores en perspectiva de crisis permanente
Carlos Tevez

El de Boca es un conflicto de difícil resolución. Esta gestión del club no puede dejar de ver a Tevez como un aliado del angelicismo-macrismo en la política del club. Y esto hará que cualquier paso o declaración de Carlitos fuera de la cancha sea visto con intenciones de desestabilizar. Y, desde el otro lado, gran parte de este plantel se siente cuestionado por ser parte de la herencia recibida por este consejo de fútbol.

El reclamo de “mejores tratos” pareciera ser indirectamente la búsqueda de que no se sucedan nuevos casos como el de Pol Fernández. Pero no deja de ser una rebelión donde los jugadores quieren indicarles a Riquelme y el Consejo de fútbol cómo debe darse la relación contractual en el club.

Los famosos topes de dólar y la disparidad cambiaria implicarán que cada renovación contractual detone en un principio de conflicto. Este Boca elige en las negociaciones apartar a los representantes y evitar que el club sea usado como vidriera como forma de reivindicar el sentido de pertenencia. Este propósito parece más una utopía que factible de llevar a la práctica en estos tiempos.

Los referentes del plantel le expresaron su malestar a Miguel Russo, quien queda como un interlocutor poco válido. Esta situación sólo podrá traer claridad cuando haya una charla frontal con Román y por ahora estos jugadores de Boca no se animaron a enfrentar el tema con el mismísimo Riquelme.

Por supuesto que queda el técnico de Boca en una situación débil si el plantel demanda de él una posición de protección ante nuevas tensiones.

En este potencial amotinamiento, el “tocan a uno, tocan a todos”, se divisa que la desconfianza se presume irreversible.

Habrá que detectar si el enojo es masivo, como indican algunos, o las demandas no son acompañadas por todos, como sospechan en el club. Eso dejaría expuesto a Tevez como el líder de una protesta que tiene como acompañantes a Wanchope Ábila (cuestionado), Buffarini (se va en junio), e Izquierdoz (llegaron Zambrano y ahora Rojo a disputarle su titularidad). En definitiva, queda por verse el verdadero acatamiento de la amenaza.

Otra cuestión, más de imaginario de tribuna, es la legitimidad de este reclamo en función de la apática producción contra Santos. El fútbol pareciera imponer derechos adquiridos desde los éxitos. Y esta potestad, en estos tiempos donde no alcanza con ser campeón local, pareciera estar solamente asignada a Tevez.

Da la sensación de que Riquelme gestiona como puede y no como quiere. Ello ocurrirá tal vez cuando pueda diseñar el plantel desde su gusto. Esto le llevará tiempo porque tampoco podrá plantearse un éxodo masivo. También quedará condicionado por las posibilidades económicas para incorporar. Y, sobre todo, el inicio de su gestión estará determinada por la presencia de Tevez, ese enemigo íntimo al que no querrán tirar al barranco. Riquelme no hará con Tevez lo que el club hizo con él. A los 37 años recién cumplidos, Carlos fue de los mejores de Boca mostrando un fuego sagrado que parecía apagado tras su vuelta de China. Sólo su rendimiento rescatará a Tevez, mirado de reojo por promover una tensión que le da a Boca una perspectiva de crisis permanente.

por Hugo Balassone
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