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Un par de desajustes le derrumbaron el imperio a River

Hugo Balassone
por Hugo Balassone |
Un par de desajustes le derrumbaron el imperio a River

La final tenía a River con todo bajo control. Presión exigente sobre la posición de Arao. Muchos recursos de Enzo Pérez. Poder de anticipo de Pinola sobre Gabigol. La imagen indestructible de River no anunciaba la catástrofe. Un par de desajustes le derrumbaron su imperio.

Y así como siempre fue arquitecto de la gloria, esta vez Gallardo condicionó el desenlace impensado. Muchas veces los entrenadores son determinantes para modificar el curso de un partido. Su influencia, esta vez, resultó perjudicial.

Falló en los cambios. Se equivocó. Y no es un análisis con la derrota consumada. El ingreso de Julián Alvarez tuvo un objetivo difuso. Y Pratto tomó malas decisiones, y de una pérdida en ataque suya devino el empate de Flamengo en el final. Ese shock del final desconcertó a River.

La voracidad que tiene este equipo tuvo una merma lógica en la dinámica porque no se puede jugar al fútbol una final siempre a la misma velocidad. Así llegó hasta aquí y ha sido su rasgo distintivo. Pero en la segunda parte declinó en esa intensidad con la que sostiene su hegemonía.

Ese River habitualmente intenso, de aprovechar los espacios con rapidez, se quedó sin tenencia con la salida de Nacho Fernández. El concepto de defenderse con la pelota es más aplicable a un jugador de las virtudes de Juanfer Quintero.

Los grandes equipos como River suelen tener esporádicamente este tipo de lapsus. Se recuerda aquella semifinal con Lanús en 2017 y esta final con consecuencias lapidarias. Aunque la diferencia es que el crecimiento de Flamengo no presagiaba el golpe del final.

Desde el dolor del día después, y cuando se repase el desarrollo, River no podrá creer de qué manera se le escapa esta copa. Disminuyó a su rival a tal punto de hacerlo sentir un equipo sin las luces que lo precedían.

De ninguna manera esto es un Waterloo de Napoleón. Este River ha jugado durante este año en un nivel aún superior a los momentos en los que se consagró. Nada para reprocharse. Todo para profundizar. Lo que no significa que no debamos puntualizar las fallas que provocaron la debacle final. Esto no le quita destaque a este inolvidable equipo.

Aún desde las necesidades por vender algunos futbolistas, este equipo tiene más por desarrollar desde la exigencia que imprime Gallardo. Este ciclo tendrá evolución hasta que al propio técnico se le ocurra terminarlo. River ya ha sabido reinventarse. Y seguirá haciéndolo hasta que Gallardo decida. En sus clásicos balances anuales, todo el mundo River rogará su continuidad para seguir sintiéndose orgulloso.

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