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River hará el brindis navideño con la sensación de que puede levantar las dos copas en enero

River hará el brindis navideño con la sensación de que puede levantar las dos copas en enero
River llegará a Navidad con las mejores sensaciones

River pasará la Navidad con las mejores sensaciones. Llegar a diciembre en este nivel es el escenario ideal para encarar el sprint final. Gallardo da vuelta el calendario soñando con una nueva Libertadores y buscando la final de la Copa Diego Maradona.

Nunca lo confesarán públicamente, ya que nadie estará obligado a declarar en su contra, pero por lo bajo varios futbolistas que suelen enfrentar a este River te reconocen que parecieran jugar con uno más, que siempre quedas en inferioridad.

Anoche en Parque Patricios, sobre todo en el primer tiempo y a pesar del retroceso por los costados de Briasco y Garro, River superó el medio de Huracán con notable facilidad. Gallardo enfatiza mucho lo del pase hacia adelante para profundizar y eso lo tiene con De la Cruz. La amplitud la consigue con Montiel y Angilleri. El desenfado de Carrascal se vuelve indescifrable para los rivales. Y la movilidad de Suárez y Borré estira cualquier defensa. En consecuencia, River se vuelve un equipo muy difícil de defender.

Solemos repetirnos en elogiar las reinvenciones de Gallardo, pero los pronósticos luego de aquella caída con Banfield en el debut en la Copa de Liga no presagiaban este presente.

River en la post pandemia utilizó un nuevo diseño donde ubicaba a Julián Álvarez como tercer delantero y centralizaba más a Nacho Fernández en la construcción del juego. Los peligros de este esquema pasaban por quedar separados entre líneas y que el rival (no solo lo consiguió Banfield, sino parcialmente Rosario Central) aprovechase el mediocampo concentrando más gente.

El técnico de River suele postergar el análisis de su equipo en función de los sistemas, prefiere hablar de funciones y obviamente los niveles se imponen por sobre los nombres propios. Esta receta que en la teoría parece sencilla no debe resultar fácil de llevarla a la práctica ante futbolistas que han conseguido tantos éxitos. Sin embargo, Gallardo aplica como pocos el principio de la justicia que estimula la competencia interna a límites muy altos.

Hace días en River debatíamos si la partida de Martínez Quarta resultaba difícil de cubrir. Pinola y Casco parecían irremplazables. A Angileri nadie lo contemplaba con chances de ser titular. Santiago Sosa era la variante a los bajones de Nacho Fernández. Ni siquiera estaba Zuculini como el factor de despegue en el mediocampo. Tampoco imaginábamos a Ponzio como dueño del orden del equipo ante la funcionalidad de Enzo Pérez. Y hasta parecía que Álvarez, con esa dualidad entre ser mediocampista derecho o delantero, estaba para quedarse. Pratto tuvo buenos momentos en la copa local pero no tiene lugar. Estamos presenciando la irrupción de Jorge Carrascal y esa opción no era tan contemplada salvo para el entrenador.

Hoy no está claro que Nacho Fernández tenga un lugar cuando se recupere de la dolencia lumbar. En River todos los nombres son efímeros, menos su naturaleza. Muchos anticiparon un fin de ciclo tras un mal paso. Nunca hay que subestimar el corazón de un campeón.

por Hugo Balassone
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