Asimismo, el juez Martín Irurzun, que intervino para pronunciarse sobre "las divergencias de opinión de los jueces" , señaló que se debe "Partir de esa premisa impone observar que los sucesos se enmarcaron en un (...) emprendimiento delictivo [que] se incardinó hacia dos objetivos centrales: rescatar ilícitamente a la empresa Ciccone Calcográfica S.A. de su quiebra declarada judicialmente; y rehabilitarla para que pueda retomar sus vínculos contractuales con el Estado Nacional” y que incluyó “… i) el levantamiento de la quiebra que pesaba sobre aquélla y obtener de parte de la AFIP un plan de facilidades de pago que le permitiese regularizar su abultada deuda fiscal; ii) recuperar la planta fabril que ocupaba la firma "Boldt S.A." por decisión del juez de la quiebra; iii) frenar u obturar la licitación Nro. 58/09 de la Sociedad del Estado Casa de Moneda destinada a adquirir una nueva línea de producción de billetes, demandado por el Banco Central de la República Argentina; iv) obtener un certificado fiscal para que la empresa calcográfica -ya en poder de Amado Boudou-, pudiese retomar sus vínculos contractuales con el Estado, y entre ellos encargarse de la impresión de billetes o de otras especies valoradas”.