Fuentes con acceso a la causa confirmaron que faltan dos cuadernos, pero que los que fueron entregados en la fiscalía de Stornelli “son ciento por ciento originales”. Además, no descartaron que “pudieran haber sido más” ya que en el material con el que se desarrolló el expediente hasta ahora hay “saltos de fechas”. Así, quedó abierta la posibilidad de que la sorpresiva aparición pudiera complementarse incluso con cuadernos que hasta ahora nunca formaron parte del expediente.
La novedad será notificada a todas las partes y se iniciará un proceso de verificaciones de la autenticidad que incluirá peritajes técnicos con intervención de todas las defensas.
Además de los cuadernos, también aparecieron dos discos compactos que contienen las filmaciones que Centeno asegura haber tomado cuando llevaba a Baratta a recoger el dinero que entregaban los empresarios como parte del circuito de recaudación ilegal.
La aparición de los cuadernos deja mal parado al chofer Centeno. Esta misma semana, la Cámara Federal confirmó la validez de sus aportes como “arrepentido”, tal como semanas atrás lo había hecho el propio juez Bonadio. Pero el acuerdo de colaboración de los imputados exige que la información sea cierta, que contribuya a esclarecer y progresar en la investigación y que involucre a quienes estén a un mismo nivel o por encima jerárquicamente de quien se arrepiente.
Si ello no ocurre (y la aparición de los originales de los cuadernos podría ser una muestra clara de que Centeno mintió o, cuanto menos, ocultó información), el acuerdo se cae y el “arrepentido” pasa a estar involucrado en un delito que contempla penas de hasta diez años de cárcel.
El otro interrogante que prevalece por estas horas es quién deberá peritar los cuadernos. Si bien es cierto que una parte de la investigación todavía reposa en los despachos de Stornelli y Bonadio, el grueso de la causa ya fue elevada a juicio oral y público y tiene tribunal asignado, el Oral Federal número siete.
Los jueces que integran ese tribunal, Enrique Méndez Signori, Fernando Canero y Germán Andrés Castelli, podrían ordenar ellos mismos, sin intervención de Bonadio y Stornelli, el análisis de esos elementos de prueba, como parte de lo que se denomina técnicamente como “instrucción suplementaria”, un paso previo a la realización del debate oral.