Tiene una televisión pero no cuenta con servicio ni de cable, ni de aire. Sólo puede ver DVDs. Sí tiene una radio a pilas, pero el SPF le prohibió las baterías recargables, de modo tal que la escucha está limitada a la duración de la energía. Tampoco tiene internet. La mayor parte del tiempo la pasa leyendo o tocando un teclado que funciona con auriculares para evitar que los acordes que emanan de él perturben a otros pacientes alojados en el hospital penitenciario.
El miércoles por la tarde trascendió el pedido de D’Alessio y el jueves por la mañana el juez Alejo Ramos Padilla fijó fecha –a pedido de Curi- para que la declaración se produzca el 3 de diciembre bajo estrictas medidas de seguridad. Ramos Padilla le pidió al Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza, dónde se encuentra alojado D'Alessio, que "informe, con carácter de urgente, las condiciones actuales de detención".
Y además dispuso que la delegación Dolores de la Policía Federal "arbitre las medidas tendientes para el eventual alojamiento del detenido en esa dependencia” después de la declaración.
D’Alessio no adelantó sobre qué hablará en su declaración como arrepentido. De hecho, le pidió al fiscal Curi “tiempo” para ordenar sus papeles y decidir sobre cuáles de todos los hechos que se le imputan brindará información como imputado colaborador.
Pero en su entorno comenzaron a circular nombres y hechos: funcionarios del actual gobierno, actores del Poder Judicial, legisladores, periodistas y la causa por la importación de gas natural licuado (GNL), el expediente madre de “Cuadernos”.
D'Alessio no podrá incriminar a quienes ya están incriminados. Su testimonio tampoco resultará útil si no involucra a quienes pudieran haber estado por encima en la presunta estructura delictiva que se investiga. Es lo que en términos judiciales se define como “apuntar hacia arriba”.