Emocionante

"Los jueces excarcelan a los motochorros porque viven en un termo"

Federico Delgado
por Federico Delgado |
Los jueces excarcelan a los motochorros porque viven en un termo

Desde hace mucho tiempo la discusión acerca de la inseguridad ocupa un lugar central en la agenda pública, ya que es inocultable el aumento de los delitos en la sociedad. Al interior de esa preocupación, la cuestión de los denominados “motochorros” genera una sensación peculiar, derivada de la modalidad de ese delito que, en general, es acompañada por una marea de indignación pública producto de lo que se conoce como “puerta giratoria”: la policía detiene a los motochorros y la justicia los libera rápidamente.

La pregunta entonces se impone ¿Por qué los jueces y fiscales excarcelan a este tipo de ladrones? La respuesta es sencilla, pero el problema es complejo. Por lo tanto, puedo decir dos cosas: que muchas veces los jueces excarcelan porque viven en un termo y que viven en un termo porque olvidan el rol político -en el sentido más puro del término- que tiene la justicia en la democracia.

Los magistrados tienden resolver los casos de manera homogénea. Parten de la premisa correcta, que dice que toda persona debe permanecer en libertad hasta tanto una condena firme destruya su estado jurídico de inocencia.

Pero elevan esa premisa a un grado de abstracción tan elevado que terminan lesionando una de las cosas mas hermosas que nos garantiza la democracia: el derecho a la libertad durante el proceso penal.

¿Por qué lo hacen? Porque olvidan que el deber de la justicia no se limita a investigar a los delitos para identificar y juzgar a los responsables, sino que la justicia también tiene la obligación de pacificar las relaciones sociales, de brindar mensajes que expliquen la distinción entre lo prohibido y lo permitido.

Los jueces tienen un rol docente que tienen que recuperar. Sus decisiones trascienden al protagonista del conflicto y se esparcen por la sociedad. Pero la justicia olvidó ese rol.

Esto significa que jueces y fiscales deben balancear la acción de quien violó la ley y también el impacto de esa acción en la sociedad. En base a esas dos variables, su obligación es desarrollar soluciones legales creativas para que el imputado no sea cosificado, pero también para que la sociedad sienta que el Estado la proteja.

Ello no significa que automáticamente todos los motochorros deben sufrir la prisión preventiva. Pasar de la excarcelación automática a la prisión automática es más de lo mismo. Habrá casos que merezcan la prisión preventiva y otros que no. Nadie puede determinar eso en abstracto porque hacerlo es negar la naturaleza misma del sistema judicial, que primero conoce los hechos y después los juzga. No se puede juzgar antes.

De lo que se trata, en cambio, es de ser creativos dentro de los márgenes que otorgar la ley. No puedo enumerarlos aquí. Pero la “cuestión de los motochorros” se limita, en definitiva, a que ese tipo de delitos no se cometan más y a que quienes lo hacen sean identificados, juzgados y sancionados.

La tarea corresponde a todo el aparato de seguridad del Estado y a la administración de justicia.

El desafío reclama salir del “termo”, mirar los hechos delictivos, auscultar su impacto en la sociedad y construir soluciones legales que castiguen de manera proporcionada al infractor de un modo relativamente rápido y de emitir mensajes desde el Estado que apunten a pacificar las relaciones sociales que, repito, es una de las principales funciones del derecho y los jueces son quienes tienen la delicada misión de “decir que dice” el derecho.

*Federico Delgado, Fiscal Federal, autor del libro "Injusticia"

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