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Nisman: el documental de Netflix y una oportunidad desperdiciada de acercarse a la verdad

por Néstor Espósito | 05 de enero de 2020 - 15:26
Nisman: el documental de Netflix y una oportunidad desperdiciada de acercarse a la verdad

Parcial, incompleto, sesgado, superficial. Entrevistados únicos y difíciles de conseguir absolutamente desperdiciados. Mentiras fácilmente refutables que nadie refuta. Denuncias gravísimas que quedan sin profundizar.

Eso es “El fiscal, la presidenta y el espía”, el documental de Netflix sobre –en principio- la muerte de Alberto Nisman.

Detrás de una notable recopilación de archivos fílmicos, una excelente calidad de imagen y un evidente esfuerzo de producción subyace una historia híbrida que, so pretexto de equilibrio, formula preguntas y no ofrece (casi) ninguna respuesta.

Es cierto que las respuestas debe darlas el Poder Judicial argentino y no una serie de televisión. Pero cuando una serie de televisión se lo propone como se lo propuso “El fiscal…” genera una expectativa que, después de seis capítulos, se ve defraudada.

En vibrador

Muchos de los logros y hallazgos del documental terminan convirtiéndose en sus principales fracasos.

La entrevista con el ex agente de la SIDE Antonio Stiuso es una figurita difícil. El documental la obtuvo.

Es normal y previsible que un agente de inteligencia esconda sus cartas, mucho más en una entrevista periodística. Lo imperdonable es que esas mentiras pasen inadvertidas.

Que Stiuso diga que no atendió las múltiples llamadas de Nisman durante el fin de semana en que murió porque tenía el teléfono celular en vibrador es casi un insulto a la inteligencia humana.

Si el hombre más importante de los servicios secretos argentinos en los últimos 40 años no atendió al fiscal que había formulado la denuncia que podía derrumbar a un gobierno porque tenía el teléfono en vibrador, ese hombre es un idiota. Y está claro que Stiuso puede ser muchas cosas, pero jamás un idiota.

En el documental se lo ve a Stiuso ignorar llamados telefónicos porque su teléfono está en vibrador. Nadie repreguntó sobre eso. Aclaración importante: cuando declaró ante la Justicia tampoco se lo preguntaron.

La pregunta equivocada

El súper objetivo del documental parece girar en torno a la pregunta “¿se suicidó o lo mataron?”.

La respuesta está muy clara en el expediente. La pregunta es equivocada. Sobre Nisman resta saber por qué está muerto. Las razones de su muerte, no la forma en que se produjo.

Sobre eso hay tres teorías:

1 - Solo frente al espejo autodisparándose. (Conclusión del Cuerpo Médico Forense y la Policía Federal)

2 - Un asesino transparente y voluble que lo coloca rodilla en tierra contra la bañera y le dispara. Nisman lo acepta mansamente, sin una mínima resistencia. Y la sangre atraviesa al homicida para manchar sin obstáculos pisos y paredes. (Teoría de la querella, que ya abandonó el expediente)

3 – Un grupo comando sorprende a Nisman, lo golpea, lo droga con ketamina (que le suministra no se sabe cómo y permanece en el cuerpo en estado puro, sin metabolizarse), lo lleva hasta el baño y mientras uno lo sostiene arrodillado otro le dispara en la cabeza. Luego uno sale corriendo y el otro acomoda el cuerpo y también se va. Ninguno deja un mínimo rastro. (Informe de Gendarmería).

La teoría del asesinato se basa sobre una suposición: Nisman no tenía razones para suicidarse, y su estado de ánimo no insinuaba una decisión de esa naturaleza.

Sin embargo el abogado Miguel Bronfman, querellante por la AMIA, dijo en el documental que Nisman “se sentía solo después de haber presentado la denuncia” por encubrimiento contra CFK. Y un rato después agregó: “lo vi asustado”.

El documental muestra pasajes desconocidos del primer juicio por el atentado contra la AMIA, que terminó en nulidad general después de más de tres años de debate.

AMIA era la única causa que investigaba Nisman. En lugar de preguntar allí por qué Nisman está muerto, en la causa se sigue discutiendo si se suicidó o lo mataron.

El otro espía

Cuando Nisman elaboró la denuncia contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner consideró prueba central de la complicidad con los iraníes acusados por el atentado contra la AMIA a las comunicaciones del supuesto espía Allan Bogado.

Si Bogado era un agente de inteligencia, hablaba con periféricos de gobierno kirchnerista y de esas comunicaciones se podía llegar a interpretar que se iba a favorecer a los iraníes (que estaban del otro lado de la negociación), para Nisman era obvio que Bogado era el eslabón perdido. Y lo había encontrado.

Pero Bogado no era espía, ni eslabón perdido, ni nada. ¿Quién afirmó eso? El propio Stiuso. En una denuncia penal que ¿Nisman conoció?

Como sea, la presencia de Bogado en una ramificación de la causa AMIA no hace más que mostrar que personajes de su característica pululan desde hace mucho tiempo en derredor de causas judiciales.

Si el documental hubiera tenido una actualización adecuada acaso habría podido deducir que Bogado no es muy diferente, en cierto sentido, que el falso abogado Marcelo D’Alessio. Y, por supuesto, que no son los únicos personajes de esas características que deambulan por, según el presidente, Alberto Fernández, por “los sótanos de la democracia”.

El fiscal Carlos Stornelli habla en el documental sobre Nisman y su denuncia. No hay una sola mención a su procesamiento en una causa en la que aparece D’Alessio, un pretenso “inorgánico” de los servicios de inteligencia. Como Bogado.

Las figuritas nuevas

El agente del FBI James Bernazzani es un hallazgo del documental. Y su explicación sobre los espantos de la investigación por el atentado contra la AMIA, un dato clave para entender a Nisman vivo.

Bernazzani explicó que, a diferencia de lo que aconseja una investigación, sobre el atentado contra la mutual judía primero se construyó una conclusión sobre la responsabilidad y luego se buscaron (y forzaron) las pruebas para demostrarla.

Lo que debió ocurrir fue que las pruebas recolectadas durante la investigación llevaran al culpable, y no al revés.

Nisman fue parte de esa mecánica. No estuvo solo: todos los investigadores, la mayoría de ellos con mayor responsabilidad que él, marcaron esa senda, de la que el difunto fiscal, cuando quedó al frente de todo, no se apartó.

El documental muestra una imagen con cuatro fotos: el ex juez Juan José Galeano, los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, y Nisman. Los tres primeros están condenados por la investigación del atentado; el cuarto está muerto.

La respuesta sobre la que después se buscaron pruebas que la demostraran podría resumirse en tres palabras: “fueron los iraníes”.

Stiuso explicó que casi tres lustros después de la voladura de la AMIA empezó a buscar las razones del atentado porque ya no tenía “ninguna duda” sobre la autoría.

Pero otro hallazgo del documental, el testimonio del ex jefe de la CIA en Buenos Aires, Ross Newland, lo desmiente a Stiuso en ese punto. Parece una remake en pequeñísima escala de un pasaje bíblico: Judas negando a Cristo.

Sobre el final, un supuesto documento oficial desliza la hipótesis sobre el origen del patrimonio de Nisman, parte de él disimulado en una cuenta secreta en el exterior e inversiones inmobiliarias en la Argentina y Uruguay: “sobornos”, dice una voz en off.

Y es todo lo que hay sobre esa posibilidad. Ni siquiera explica que hay una causa penal que instruye el juez Claudio Bonadio y que hace cinco años que se mueve con la agilidad de un elefante viejo, con artritis en las patas y ciego.

Las ausencias

Obtener el testimonio de quien se niega a darlo es imposible. Pero ello no significa que los dueños de esos testimonios no existan.

La investigación estuvo en manos de la fiscal Viviana Fein, cuyo relato aparece profusamente en el documental. Pero también en manos de la jueza Fabiana Palmaghini, de su colega federal Julián Ercolini y del fiscal Eduardo Taiano.

Ausencia total. Taiano y Ercolini dijeron judicialmente que a Nisman lo mataron. Para el documental, no existen.

En el proceso intervinieron jueces de la Cámara del Crimen, de la Cámara de Casación porteña y los de la Corte Suprema, que definieron que la muerte de Nisman se investigara en Comodoro Py. Tampoco aparecen.

Antes que por el juez Daniel Rafecas, la denuncia de Nisman por encubrimiento de los iraníes pasó por las manos de sus colegas Ariel Lijo y María Servini. Y fue descalificada -apenas presentada- por el magistrado que investigaba el atentado contra la AMIA, Rodolfo Canicoba Corral. Tampoco están.

El contenido de la obra es responsabilidad de su autor. La opinión es libre.

Tal vez hubieran sido necesarios algunos capítulos más, o los mismos con menos recursos cinematográficos y un poco de rigor (cuanto menos, periodístico).

Eso, claro está, si el objetivo final era aportar un poco de claridad sobre la muerte de Nisman, y las razones de esa muerte.

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