Los esfuerzos de la justicia electoral por garantizar unas PASO libres de toda sospecha son tangibles. Pero deben ser acompañados por lo que Sartori llama “el consenso a nivel procedimental” ya que las elecciones son el camino para hacer efectiva la premisa de “un pueblo gobernante”. Ese consenso a nivel procedimiento reclama el compromiso de toda la dirigencia no solo con las reglas legales, sino con los valores que las impregnan.
Entre ellos, se ubica la obligación moral administrar los datos parciales de un modo homogéneo. Si bien esta carga corresponde en mayor medida al oficialismo, todas las agrupaciones políticas que compiten tienen algún grado de responsabilidad en la creación de las condiciones previas que hagan posible una expresión electoral libre de especulaciones.
Cargar los datos de manera correcta, respetar lo que arrojan las urnas, ser cautelosos a la hora de emitir opiniones y, finalmente, respetar lo que surja de las urnas son las cosas básicas de cualquier democracia, que llamativamente en nuestro país están en discusión. Hay que decirlo: estamos discutiendo si hay que estar de acuerdo acerca del juego limpio.
Desde este espacio “Dos Justicias” de A24.com, hace mucho tiempo que señalo los peligros derivados de convivir permanentemente con la sospecha. Lo hago una vez más porque, esta vez, la sospecha se extiende al medio que hace posible el horizonte democrático de un “pueblo gobernante”.
Desde 1983 tuvimos elecciones en medio de contextos muy complejos. Hubo crisis económicas, sociales y la combinación de ambas. No obstante, el proceso electoral nunca fue cuestionado de esta manera. De la lealtad de los actores con el procedimiento, depende que la garantía mecánica de la democracia emerja sin manchas para que los ciudadanos hagan efectiva la garantía sustantiva y, a partir del domingo, abran el camino que el 10 de diciembre inaugure un nuevo ciclo en la rotación de las elites que compiten por los roles de gobierno.