Salvo por la causa de “Vialidad” que empezaría el 21 de mayo, las cinco causas contra Cristina Kirchner que habían sido, casualmente, elevadas a juicio oral en coincidencia con la campaña 2019 ahora naufragan y no está claro cuándo comienzan. Justo cuando es vox populi el crecimiento de Cristina Kirchner en las encuestas.
A la par, el juez Marcelo Martínez de Giorgi, que investiga uno de los segmentos locales de “Odebrecht”, fue muy severo con los funcionarios kirchneristas e increíblemente benévolo con el sector de la familia presidencial involucrado en el caso.
La justicia es parte del dispositivo electoral. Es más, el colega Hernán Capiello explicó el domingo pasado en La Nación que los jueces no tomarán grandes decisiones por la incertidumbre electoral.
No soy abogada, soy politóloga. Por eso pregunté en qué parte del Código de procedimiento dice que cuando hay elecciones la justicia federal debe moverse al compás de la campaña. De acuerdo con mis fuentes, se trata de una patología más de la Justicia. La respuesta a mi pregunta es, otra vez, un secreto.
La justicia federal se ocupa de otras cosas. Por ejemplo, el juez Martínez de Giorgi exculpa tuiteros que se van de boca y critican al presidente.
La justicia ordinaria, que podría inspeccionar los recurrentes arreglos de veredas del gobierno local, los bacheos permanentes de calles, las ventas de terrenos públicos para fines que nunca están claros y tantas otras políticas públicas vinculadas a la asignación del presupuesto local que llama la atención de los vecinos, se concentra en juzgar de manera práctica cada vez más asiduos robos de comida en supermercados. No mira tampoco a quienes venden drogas en las calles o explotan a los más vulnerables. Esa decisión de política criminal es un enigma o, si quieren, otro secreto.
El problema es la distancia que separa a los funcionarios con responsabilidades institucionales de los problemas reales de la comunidad. En materia judicial, se ocupan de evitar que algunos funcionarios cumplan con su tarea, como pasó con la fiscal Gabriela Boquín, que investiga la causa del Correo Argentino, o con el juez Alejo Ramos Padilla, que investiga la causa de espionaje.
También se ocupan de cubrir vacantes a través del discutible mecanismos de los traslados. Pero evitan atacar “la raíz de todos los males”: la impunidad. Todo lo que tiene que ver con ello permanece, como casi siempre, en secreto.