La embajada sueca en Bagdad, la capital iraquí, sufrió el segundo ataque en poco más de veinte días. Esta vez, los manifestantes no solo entraron, sino que le prendieron fuego a la representación diplomática del país europeo

Una turba entró en la noche con antorchas a la embajada y mientras gritaban consignas contra el gobierno sueco, le prendieron fuego al edificio.
La embajada sueca en Bagdad, la capital iraquí, sufrió el segundo ataque en poco más de veinte días. Esta vez, los manifestantes no solo entraron, sino que le prendieron fuego a la representación diplomática del país europeo
Es la respuesta violenta "in crescendo" porque en Estocolmo autorizaron la quema de ejemplares del Corán.
Los suecos permitieron que un iraquí, que huyó de su país, quemara el libro sagrado de los musulmanes para protestar por el autoritarismo del gobierno de Bagdad. En Estocolmo primó el respeto a la libertad de opinión por el de la preservación a las creencias de las religiones.
Pero en Irak, ocurrió lo contrario. Una turba entró en la noche con antorchas a la embajada y mientras gritaban consignas contra el gobierno sueco, le prendieron fuego al edificio.
Los diplomáticos habían salido ya en su gran mayoría del lugar y los que viven en ese edificio también fueron evacuados sin inconvenientes.
Cuando el pasado 29 de junio se produjo el primer ataque contra la sede diplomática, el gobierno iraquí envió a la policía para que los revoltosos salieran de la embajada. Pero, al mismo tiempo, advirtieron a Suecia de no volver a autorizar otra quema del libro más valioso para los musulmanes.
A su vez, Suecia quiso dar muestras de su independencia de criterios y respeto de la libertad de opinión. También autorizó que se quemen ejemplares de la Biblia o la Torá en otras protestas. Pero eso no calmó a los musulmanes. El gobierno del primer ministro, Mohammed Al Sudani, advirtió de nuevas muestras de hostilidad contra Suecia si se volvía a producir algo similar.
Eso fue lo que sucedió. En Estocolmo, este jueves, una marcha en protesta contra el régimen iraquí volvía a contar con la autorización de destruir un ejemplar del Corán. Cientos de personas se concentraron como contrapartida, rodeando la representación sueca en Bagdad.
La multitud estaba guiada por el líder religioso Moqtada Sadr. En lugar de rodear la embajada, tomaron una acción expeditiva. Saltaron los muros para ingresar y una vez dentro de la misión diplomática, la incendiaron.
El incidente provocó también una escalada en las malas relaciones diplomáticas que tienen ahora ambos países. La cancillería iraquí condenó la irrupción en la embajada, pero eso no impidió que el gobierno de Al Sudani tomara una drástica medida. Una vez que se aseguró que ningún diplomático del país europeo resultó herido, se decidió expulsar de Iraq a la embajadora sueca. Por supuesto que también ordenó que regresara a su embajador en Estocolmo.