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Por supuesto, llamado así por el liderazgo que Al-Sadr ejerce en gran parte de la sociedad iraquí.
Irak: un país anárquico sin liderazgos claros
Saddam Hussein gobernó dictatorialmente Irak durante 24 años. Pero el 9 de abril de 2003, no solo fue derrocado. En la llamada "operación Amanecer Rojo", infantes de los Estados Unidos encontraron su escondite en un diminuto caño como refugio en Al-Daur. Fue juzgado y condenado a morir en la horca el 30 de diciembre de 2006.
Desde entonces, Irak vive en un caos permanente. Con gobiernos más que transitorios y frágiles. Debió aceptar la ayuda tanto de Rusia como de Estados Unidos para poder eliminar la participación del Estado Islámico (ISIS). Ese grupo extremista islámico logró controlar parte del territorio iraquí.
Mientras tanto, en Bagdad, la crisis de poder es recurrente. El artículo 74 de la Constitución establece que el presidente de la República debe asignar la misión de formar gobierno con un primer ministro surgido del partido con mayor cantidad de diputados.
Allí interviene el líder religioso Muqtada al Sadr. Seguido como autoridad para los chiítas, nunca logró imponer ese liderazgo a nivel político nacional. En las elecciones de 2021, su partido pasó a ser el de mayor cantidad de bancas, 73 sobre 329 en la cámara de representantes. Pero solo es la primera minoría. Con lo que no logra imponer un gobierno fuerte en Irak.
Retiro, violencia y muertes
Cansado de sus intentos reiterados por homologar su influencia religiosa con el poder político, decidió dar un paso al costado. Pero sus seguidores no lo aceptan. Antes tomaron momentáneamente la sede del parlamento. Ahora, salieron a las calles de Bagdad y otras ciudades a realizar actos de suma violencia pidiendo que Al Sadr llegue al poder.
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Partidarios de Al-Sadr rodean al palacio presidencial en Bagdad (Foto: AP)
Por eso la ola de violencia ya se cobró al menos 35 muertos. En un intento final por tratar de traer algo de calma, el propio Muqtada al Sadr decidió iniciar una huelga de hambre. Solo la abandonará cuando la calma regrese a Irak. Algo que no ocurre incluso antes de la caída de Saddam Hussein.