¿Qué significa para una persona?
Tomemos una persona de 80 kilos que viaja a 200 km/h. Su energía cinética individual sería de unos 123.000 joules. Para visualizarlo, equivale aproximadamente a la energía necesaria para elevar a esa persona unos 157 metros, como la altura de un edificio de alrededor de 50 pisos. Una fatalidad tremenda.
Las explicaciones insuficientes del Gobierno
“No descartamos que pudieran sobrepasar los 70, pero tampoco lo podríamos verificar y es preferible siempre acogerse al protocolo”, señaló García-Page, al referirse a la posibilidad de que el número de fallecidos supere las cifras confirmadas hasta el momento.
Aunque el balance oficial informado por las autoridades se mantuvo en 69 víctimas fatales, la existencia de restos humanos sin identificar, desgraciadamente, hace estar casi seguros de la posibilidad de que el número aumente. Las denuncias por desaparición, en tanto, todavía deben ser contrastadas con los registros de pasajeros, los ingresos hospitalarios y las identificaciones realizadas por los médicos forenses.
Pero hay muchos familiares que están seguros de que sus seres queridos iban en una de las dos formaciones involucradas en esta tragedia, la segunda en un año que se da en la misma vía y con dos trenes de la misma empresa (Renfe e Iryo).
Los restos humanos complican la identificación de las víctimas
La magnitud de los daños provocados por el impacto dificulta las tareas de los equipos de emergencia. Durante los trabajos en el lugar del accidente se recuperaron restos humanos que requieren estudios forenses para determinar su identidad y establecer si corresponden a personas que ya figuran entre las víctimas confirmadas.
Las 70 denuncias de desaparición no significan necesariamente que haya esa misma cantidad de personas fallecidas o que todas continúen sin ser localizadas. Algunas pueden corresponder a pasajeros cuyos cuerpos ya fueron recuperados, pero que todavía no pudieron ser identificados oficialmente.
Por ese motivo, las autoridades mantienen separados los registros de personas denunciadas como desaparecidas y el número de víctimas fatales confirmadas. El procedimiento requiere verificar cada caso antes de comunicar los resultados a los familiares.
Mientras tanto, los equipos de emergencia continúan trabajando sobre las formaciones siniestradas y sus alrededores. Las tareas incluyen la inspección de los vagones, la recuperación de posibles víctimas y la revisión de sectores de difícil acceso, donde la violencia del choque dejó estructuras metálicas deformadas.
La identificación de los fallecidos y la asistencia a sus familiares se convirtieron en las prioridades de las autoridades, que también deben avanzar con la investigación judicial para determinar cómo se produjo la colisión.
Cómo fue el choque entre los trenes de Iryo y Renfe
El accidente ocurrió el miércoles 28 de octubre, cerca de las 8.54, en las inmediaciones de la localidad de Urda, en la provincia de Toledo, sobre la línea ferroviaria que conecta Madrid con Andalucía. Una formación de la compañía privada Iryo, que se dirigía hacia Málaga y transportaba alrededor de 147 pasajeros, quedó detenida sobre las vías por causas que todavía se investigan. Minutos después, un tren AVE de Renfe, que viajaba con destino a Sevilla, la embistió desde atrás.
La investigación oficial se centra en 13 minutos de malas comunicaciones, pero no por fallas del sistema sino por instrucciones equivocadas. La peor de todas es la del operador de la torre de control de Atocha que le dijo que reinicie a "marcha normal" al motorman de Renfe. Por marcha "normal" a un tren de alta velocidad se interpreta justamente eso. Cuando impactó con el tren de Iryo detenido, viajaba a una velocidad entre 160 y 200 km por hora. A pesar de que la maquinista de Iryo avisó varias veces que el tren no había vuelto a funcionar ni moverse por la vía.
El otro planteo va sobre las responsabilidades políticas y oficiales del funcionamiento del sistema de trenes de Alta Velocidad, en la que no pueden existir fallos. De hecho, en países con sistemas similares, jamás hubo accidentes semejantes. Y es el segundo episodio luctuoso en España en el mismo año. Y el ministro del área, Oscar Puente se presentó como una "víctima" por las implicancias políticas del caso. Inaceptable.
La violencia del impacto provocó el descarrilamiento de varios vagones. Dos de los coches traseros del tren de Iryo cayeron por un terraplén, lo que complicó las tareas de rescate y agravó las consecuencias del siniestro. Entre ambas formaciones viajaban más de 500 personas.
El choque obligó a desplegar un amplio operativo de emergencia y dejó numerosos heridos, algunos de ellos de gravedad. También provocó la interrupción de los servicios ferroviarios de alta velocidad entre Madrid y Andalucía.
Investigan una falla en la señalización y un posible error humano
En paralelo con la búsqueda de víctimas, los investigadores intentan reconstruir la secuencia de acontecimientos que derivó en la colisión. Los primeros datos apuntan a problemas en el sistema de seguridad LZB, que controla la circulación de los trenes de alta velocidad. Según las reconstrucciones iniciales, la avería obligó a gestionar el tránsito de las formaciones mediante procedimientos alternativos y no idóneos para trenes tan veloces.
La investigación busca determinar qué instrucciones recibió el maquinista del AVE, por qué continuó la marcha y si se cumplieron los protocolos de seguridad previstos para una interrupción del sistema principal.
Mientras España continúa conmocionada por la tragedia, la incertidumbre de las familias se mantiene. Las 70 denuncias de desaparición y los restos humanos pendientes de identificar hacen que el balance siga abierto y que las autoridades estén casi convencidas de que la cifra definitiva de muertos superará las 70 víctimas.