El genoma del COVID-19 (también demorado)
China obtuvo en los primeros días de 2020 el mapa genético del virus, un paso clave para el desarrollo de test, fármacos y vacunas. No obstante, aguardó hasta el 11 de enero para anunciarlo a la comunidad científica, mientras la OMS -sin conocer en ese entonces la nueva demora- le agradecía al gobierno chino que compartiera “de inmediato” esa información.
Según reveló la agencia AP días atrás, tras analizar documentos internos, correos electrónicos y realizar docenas de entrevistas, el gobierno chino tardó en la entrega del genoma por los estrictos controles de información y de competencia dentro del sistema chino de salud pública.
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La estructura del coronavirus (Foto: Archivo)
La estructura del coronavirus (Foto: Archivo)
La lenta reacción de la OMS y sus idas y vueltas
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La OMS siguió los informes de China sin cuestionarlos (Foto: AFP).
La OMS siguió los informes de China sin cuestionarlos (Foto: AFP).
Basándose en los informes que le reportaba China, la Organización Mundial de la Salud confirmó recién el 14 de enero que el virus se podía contagiar entre seres humanos, cuando el COVID-19 llevaba ya un mes en circulación.
Cuestionada por Estados Unidos, que tras una pelea de meses abandonó la organización, la OMS también perdió crédito por algunas decisiones que luego debió rectificar, como la utilidad del uso de tapabocas para evitar la propagación de la enfermedad o la reciente determinación de reanudar los ensayos clínicos con la hidroxicloroquina y sus derivados, cuando semanas antes había desaconsejado su uso por considerar que la droga era "ineficaz" y "peligrosa".
Los viajes aéreos, principal difusor de la enfermedad
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1.400 médicos militares chinos, a punto de embarcar en un avión. Cuando la enfermedad ya circulaba más allá de Asia, los cielos de muchos países continuaron abiertos durante semanas (Foto: archivo).
1.400 médicos militares chinos, a punto de embarcar en un avión. Cuando la enfermedad ya circulaba más allá de Asia, los cielos de muchos países continuaron abiertos durante semanas (Foto: archivo).
Tan solo el 1 de enero salieron de Wuhan 175.000 personas. En tanto, para el 21 de enero, 7 millones de chinos continuaban viajando por el mundo, mientras la mayoría de los países mantenía activo el mercado aéreo, sin sospechar que el virus comenzaba a propagarse de la mano del turismo.
En realidad, todos parecían seguir los consejos de la OMS, que el 12 de ese mes publicó un documento en el que se refería a lo que ocurría en China: "La OMS no recomienda adoptar ninguna medida de salud específica para las personas que viajen, si bien se les aconseja que acudan a un centro de salud y que expliquen a su médico el trayecto que han realizado en el caso de que presenten síntomas respiratorios durante o después del viaje".
"El virus no tiene ninguna chance contra nosotros"
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Donald Trump y una cuestionable postura que costó críticas y una innumerable cantidad de víctimas (Foto: AFP).
Donald Trump y una postura que le costó críticas y una innumerable cantidad de víctimas (Foto: AFP).
El 11 de marzo, Donald Trump se mostraba seguro ante el virus. En un discurso desde la oficina Oval de la Casa Blanca, afirmó: "El virus no tendrá oportunidad contra nosotros. Ninguna nación está más preparada o es más resistente que Estados Unidos".
Sin querer declarar el estado de emergencia y, mucho menos, establecer una cuarentena, calificó al COVID-19 como "un virus extranjero" y solo anunció la prohibición de los vuelos desde la UE a su país. Inclusive, destacó de que en su territorio había menos casos que en Europa. "Ellos no tomaron las mismas precauciones", afirmó. Tres meses más tarde, Estados Unidos es el país que lidera ampliamente las peores estadísticas: mientras se acerca a los 1,9 millones de contagios, lleva acumulados más de 109 mil muertos.
España e Italia, el epicentro en Europa
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Lombardía fue la región más afectada por el COVID-19 en Italia (Foto: AP).
Lombardía fue la región más afectada por el COVID-19 en Italia (Foto: AP).
Tras la aparición de la enfermedad en tierras chinas, Italia primero y España después se convirtieron en el epicentro de la enfermedad. Pese a que ambos registraron su primer contagio el 31 de enero, cuando el mundo ya estaba en alerta, demoraron 45 días en establecer una cuarentena total.
Con la región de Lombardía como el principal foco del virus en Italia, la primera muerte se produjo el 22 de febrero. Poco más de un mes después, el 27 de marzo, llegaba a una cifra récord: 969 víctimas fatales en 24 horas.
España, en tanto, casi replicó el drama italiano. Luego de registrar el primer fallecimiento el 25 de marzo, en Valencia, el 1 de abril llegaba a las 864 muertes en un día. Funcionarios como el consejero de salud de Madrid, Enrique Ruiz Escudero, afirmaron en su momento que la multitudinaria marcha del 8 de marzo por el Día Internacional de la Mujer, a la que concurrieron 120 mil personas y que recorrió diversas calles de Madrid, potenció el contagio.
Una "gripecita"
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Bolsonaro, otro de los líderes que subestimó los efectos del COVID-19 (Foto: AP).
Bolsonaro, otro de los líderes que subestimó los efectos del COVID-19 (Foto: AP).
Como si buscara replicar la postura de Donald Trump, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, apeló a un calificativo por demás desafortunado para referirse al coronavirus: en declaraciones pronunciadas el 25 de marzo, dijo que era apenas una "gripecita", además de pedirle a la sociedad que enfrente al virus "como hombres y no como niños".
Enemigo acérrimo de cualquier medida semejante al confinamiento, se enfrentó con los gobernadores de su país, a los que les pidió llevar a cabo un aislamiento "vertical" (solo proteger a los mayores y personas vulnerables). Por esta misma razón, provocó la renuncia de su primer ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, en tanto que semanas después su defensa del tratamiento con la hidroxicloroquina llevaría a renunciar a Nelson Teich, sucesor de Mandetta.
A mediados de abril, un editorial del Washington Post lo catalogó como "el peor líder del mundo" por su política frente al coronavirus. Actualmente, con más de 600 mil casos, Brasil es el segundo país en contagios y el tercero en número de muertos con casi 35 mil víctimas fatales.
La inmunidad de rebaño
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Boris Johnson, en su mensaje de agradecimiento al recuperarse del COVID-19 (Foto: archivo).
Boris Johnson, en su mensaje de agradecimiento al recuperarse del COVID-19 (Foto: archivo).
Fue la tesis que defendió Boris Johnson desde el Reino Unido. El 23 de marzo decía que si el 60% de la población se contagiaba, el virus no podría seguir avanzando. La posibilidad de que murieran 500 mil personas ante un sistema sanitario con riesgo de colapsar por el incremento de casos que comenzaron a registrarse lo hizo abandonar ese plan y plantear una cuarentena luego de largas semanas sin mayores medidas de aislamiento. Sin embargo, ese giro fue tardío: actualmente es el segundo país con más fallecimientos (poco más de 40 mil personas) y el cuarto en contagios (algo menos de 285 mil).
Inclusive, el propio Boris Johnson se contagió de COVID-19 el 27 de marzo
El aviso de Taiwán
El gobierno de ese país confirmó que a fines de diciembre alertó a la Organización Mundial de la Salud (de la que no forma parte por presión de China comunista) de un nuevo virus "que se contagia entre humanos". La OMS, por su parte, negó que la advertencia haya hablado de esa posibilidad. Más allá de la controversia, lo concreto es que pasaron dos semanas hasta que el mundo supo que efectivamente el COVID-19 era transmisible de persona a persona.
La vacuna del SARS, abandonada
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En 2003, la rápida desaparición del SARS desactivo los planes para elaborar una vacuna (Foto: archivo).
En 2003, la rápida desaparición del SARS desactivo los planes para elaborar una vacuna (Foto: archivo).
El 15 de marzo de 2003, la OMS anunció una alerta mundial por la aparición en Asia de un Síndrome respiratorio agudo grave (SARS), una nueva forma de coronavirus de bajo nivel de contagio pero con alta tasa de mortalidad. En más de nueve meses, infectó a 8000 personas y mató a casi 800. Una tasa de mortalidad del 10%. Pero la enfermedad, de pronto, dejó de propagarse.
Por ese motivo se interrumpieron y desfinanciaron todas las investigaciones para lograr una vacuna. De haberla tenido, ¿la humanidad podría haber logrado ya una variante para el COVID-19?