Lo que ha sido una virtud en Russo en este tiempo fue la aceptación a situaciones de conflicto: desde las salidas de Pol Fernández, Buffarini, Ábila, Villa y hasta Tévez. Logró sobrellevar con prudencia esos puntos de tensión. Estas crisis, con otro entrenador experimentado, hubiera desatado una polvareda difícil de controlar.
La elección de Battaglia implicará una gran incógnita. Seguramente el conocimiento que tiene de los juveniles del club le darán la posibilidad de promover lo que para Riquelme es política de estado y que Russo había descartado en los últimos partidos.
Las buenas sensaciones que dejó el partido frente a Banfield acreditan un punto de partida interesante para ser confirmado en el cargo. La perspectiva de mediano plazo que esta gestión de Boca pareciera tener, se contrapone con urgencias de resultados en este torneo, y en la necesidad de clasificar a la próxima Libertadores.
Riquelme atraviesa su primera gran crisis como cara del fútbol de Boca. Primero apuntó a una renovación gradual del plantel, y ahora prescinde del técnico que eligió cuando asumió.
En esta nueva búsqueda, tendrá que proyectar un fútbol acorde a su gusto futbolero. El motivo por el cual fue elegido mayoritariamente por el mundo Boca. También Román, empieza a rendir examen en sus elecciones.