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Casi sin darse cuenta, Stella Maris fue la protagonista local de una cambio mundial. Otras mujer en otros países hacían lo mismo. Seis años más tarde cuando el Maratón de Buenos Aires llevaba apenas dos ediciones, los organizadores pretendían que fuera una carrera internacional. Desde otros países iban a enviar atletas mujeres y entonces se vieron obligados a sumar a Stella Maris que ya había sido federada por el club Barracas Central.
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“Yo no entendía muy bien lo que pasaba, pero me dí cuenta cuando salí segunda. Las ganadoras teniamos todo pago para ir a representar al país a San Pablo. Y me lloré todo”
Sin embargo el llanto no era solo por la emoción de ser parte por primera vez de un Seleccionado Nacional Femenino de Maratón, el sponsor de la carrera, le iba a dar por primera vez zapatillas como usaban los atletas profesionales.
“Yo corría con las zapatillas Flecha, las había comprado en el 77, tenían una agujero abajo y yo pensaba con razón se me rompían las medias, al final me había tenido que comprar unas en cuotas porque eran carísimas. Y después del Maratón de Buenos Aires, iba a tener ropa y zapatillas por un año. ¡Me sentía una reina!”
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La vida es un maratón
Stella Maris se casó con Jorge, un hombre que conoció corriendo, tuvieron tres hijos pero nunca dejó de correr ni siquiera durante los embarazos. Sus hijos crecieron y corrió maratones en otros países de América y también de Europa. La vida fue pasando y ella seguía corriendo maratones, aparecieron grandes campeonas. Mucho tiempo después algunas, incluso, corriendo a su lado sin saber que era que era ella quien les había abierto el camino.
“Todos tendrían que experimentar correr un maratón alguna vez. El maratón es como la vida. Tenés tristezas y alegrías. Todo al mismo tiempo”
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Stella Maris, cuenta que su hermana melliza era la que le hacía las “tortas atléticas para cada maratón” bizcochuelos que incluían frutas secas, membrillo y “algunos secretos”.
“El día en el que ella se fue al cielo, a la noche salí a correr, para descargar esa tristeza. Porque el contacto con la naturaleza te ayuda a ver esa tristeza de otra manera” “Ahora mismo, estoy contenta y triste a la vez, porque mientras pienso que voy a largar mi maratón número 80, mi mamá que tiene 95 años no está muy bien, y me emociono, por lo que me pasa como corredora y por haber compartido la vida con mi madre”.
En esta edición número 37 del Maratón Internacional de Buenos Aires, Stella María del Papa llegó a la meta mucho tiempo después de las 2 horas y minutos que marcaron los atletas de elite africanos y locales. Pero con su número 80 impreso en el dorsal y en el alma. Sigue insistiendo. “Todos alguna vez tienen que correr un maratón”.
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