Hace unos días, una familia de colombianos viajó a Brasil para alentar a su selección y, al llegar al país organizador, se enteraron que los partidos se disputaban a puertas cerradas. Ahora, en la Eurocopa, se ocurrió un suceso similar: seis franceses, con entradas para ver los partidos de Les Bleus, volaron a Bucarest (Rumania) en lugar de ir a Budapest (Hungría), sede de los encuentros, y se dieron cuenta después de estar dos horas en la capital rumana.











