Fue en esa etapa adolescente cuando Nichole conoció a Kyle Dube, un joven de 20 años que vivía en Orono con sus padres, su hermano y su hija de 4 años. Kyle intentó conquistarla, pero la diferencia de edad y el poco interés de Nichole impidieron que prosperara cualquier tipo de relación amorosa. Ella dejó en claro que lo veía únicamente como un amigo.
El 11 de mayo de 2013, ambos se encontraron en persona y Kyle intentó besarla, pero Nichole lo rechazó. Ese gesto la incomodó profundamente, al punto que, después del encuentro, fue con sus amigos para contarles lo incómoda que se había sentido con la actitud de él.
Poco después, Nichole comenzó a entablar conversación en Facebook con un perfil llamado Brian Butterfield. El vínculo digital creció con rapidez: las charlas eran frecuentes y fluidas, pero nunca se habían visto en persona. Nichole jamás sospechó que detrás de esa cuenta falsa estaba Kyle Dube.
El 13 de mayo de 2013, Brian le propuso a Nichole conocerse finalmente en persona. La adolescente, confiada, aceptó. Le dijo a su madre que solo iba a salir unos minutos para encontrarse con un amigo frente a su casa, y que no se alejaría del lugar. Sin embargo, nunca volvió.
Cuando pasaron las horas y Nichole no regresaba, Christine y su pareja salieron a buscarla desesperados, pero no encontraron ningún rastro. Preguntaron a vecinos, amigos y conocidos, pero nadie la había visto esa noche.
La madre acudió entonces a la comisaría local para denunciar la desaparición de su hija. Comenzó así una intensa búsqueda que movilizó a toda la comunidad de Glenburn y alrededores.
Los oficiales accedieron a la cuenta de Facebook de Nichole y, tras descartar numerosas conversaciones sin relevancia, se toparon con los mensajes de Brian Butterfield. Era el único con quien Nichole había pactado verse esa noche.
La policía pidió a Facebook los registros de la cuenta de Brian Butterfield. Las pistas llevaron a los investigadores directamente a la casa de Kyle Dube, desde donde provenía la señal. Descubrieron que Kyle había insistido varias veces en que Nichole se encontrara con él, bajo su falsa identidad.
El 20 de mayo de 2013, tras varios días de búsqueda desesperada, los investigadores encontraron el cuerpo de Nichole en un descampado boscoso cerca de la Interestatal 84, a unos 16 kilómetros de su casa. Fue trasladada al hospital para las pericias correspondientes.
Los médicos concluyeron que no tenía signos de agresión sexual ni heridas externas graves, aunque se halló sangre bajo sus uñas, lo que sugería que había intentado defenderse. Ese hallazgo fue crucial para reconstruir sus últimos momentos con vida.
Tras su detención, Kyle Dube se convirtió en el principal sospechoso. Su propio hermano, Dustin Dube, brindó a la policía un testimonio clave: contó que Kyle había creado el perfil falso de Brian para atraer a Nichole con el objetivo de secuestrarla.
Según relató, Kyle planeaba “rescatarla” después de fingir el secuestro para ganarse su gratitud y afecto. Para ello, pensaba ocultar su identidad usando una máscara de esquí.
La cronología reconstruida por los investigadores indicó que Kyle se escondió en un bosque cerca de la casa de Nichole. Cuando la joven se acercó confiada, él salió de su escondite con el rostro cubierto, la atacó, le tapó la boca con cinta adhesiva y la subió a la parte trasera de la camioneta de su padre.
Nichole luchó por liberarse, pero no pudo. Kyle le ató las manos y los pies. Según los reportes, en el trayecto hacia su casa ella ya había muerto, probablemente por asfixia. Luego, el joven ocultó el cuerpo en el bosque donde fue hallado días después.
El caso conmovió a todo Maine. Durante el juicio, la fiscalía pidió una pena de 90 años de prisión para Kyle Dube: 60 por asesinato y 30 por secuestro. En cambio, la defensa solicitó 45 años y pidió clemencia al juez alegando su juventud.
Sin embargo, el 8 de mayo de 2015, la Justicia fue contundente: Kyle Dube fue condenado a 60 años de cárcel, 30 por el crimen y 30 por el secuestro de Nichole Cable.
La sentencia buscó enviar un mensaje claro: los delitos cometidos a través de engaños digitales y que terminan con la vida de personas inocentes no quedarían impunes.
La muerte de Nichole Cable sacudió la tranquilidad de Glenburn y expuso los peligros del mundo digital. La comunidad, devastada, organizó vigilias, marchas con velas y memoriales en su honor. Su nombre quedó grabado en la memoria colectiva como un símbolo de los riesgos que enfrentan los adolescentes en internet.
A raíz del caso, escuelas y autoridades locales comenzaron a implementar programas de concientización sobre seguridad en redes sociales, dirigidos especialmente a estudiantes de secundaria. El objetivo: prevenir que otros jóvenes caigan en trampas similares.
Aunque la vida de Nichole fue truncada a los 15 años, su historia sirvió para abrir un debate necesario sobre el control parental, la educación digital y la responsabilidad de las plataformas sociales. Muchos padres comenzaron a involucrarse más en la actividad online de sus hijos y a establecer límites y reglas claras para su uso de internet.
La tragedia de Nichole Cable dejó una huella imborrable, recordándole al mundo que detrás de cada pantalla puede esconderse alguien con intenciones oscuras, y que la confianza ciega en desconocidos puede tener consecuencias irreversibles.