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La encargada de un hotel ubicado en la misma cuadra del ataque coincide. “Cambió un montón la zona. El ambiente de Gesell es ahora más familiar. Antes era una batalla campal. Era común este tipo de peleas. Veías a los chicos re chiquitos que se peleaban porque estaban tomando alcohol desde las 7 de la tarde”, argumenta, y recalca: “Tuvo morir un pibe para que eso cambie”.
A metros del lugar de hospedaje se encuentra el cantero y el árbol que marcan el sitio donde Fernando Báez Sosa fue asesinado. Pegados, hay decenas de retratos y cartas con mensajes, y también velas para el joven. “A veces, hay gente que pasa y le deja flores”, explica la administradora del hotel.
Entre los comerciantes, hay otros menos conmovidos. “Cuando pasó todo lo de Fernando, nuestra vereda estaba llena de sangre, no se podía abrir”, cuenta también a este portal una peluquera que tiene su negocio frente al santuario. “Es fuerte estar viendo el altar todos los días. Estamos un poco agotados porque no tenemos nada que ver y tenemos que ver todos los días gente ahí”, concluye con cinismo.
Fernando Báez Sosa fue asesinado la madrugada del 18 de enero de 2020 a la salida del boliche Le Brique en la ciudad de Villa Gesell. El joven fue atacado por un grupo de rugbiers tras pelearse dentro del local bailable. Pocos días después, el lugar fue clausurado. Los ochos acusados del crimen son juzgados desde principio de enero en la ciudad de Dolores.