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Ni el dolor ni el luto detuvieron lo peor: el drama y horror que vivió familia de Camina Espíndola en pleno velatorio

Durante el velorio de Camina Espíndola, su familia sufrió un robo brutal. Una tragedia detrás de otra que estremece a Rosario.

30 de abril de 2025 - 11:12
Ni el dolor ni el luto detuvieron lo peor: el drama y horror que vivió familia de Camina Espíndola en pleno velatorio

Ni el dolor ni el luto detuvieron lo peor: el drama y horror que vivió familia de Camina Espíndola en pleno velatorio

El crimen ocurrió en un contexto de violencia previa. Según los primeros datos, Camina Espíndola mantenía frecuentes discusiones con su expareja, Federico Nicolás, a raíz de un reciente trabajo que ella había comenzado en la ciudad de Funes. La tensión entre ambos se intensificó con el paso de las semanas, hasta que finalmente terminó en un ataque brutal.

Asesinada frente a sus hijos

Todo sucedió ante la mirada inocente de sus tres hijos, de 3, 6 y 9 años, quienes quedaron marcados por un acto de violencia extrema. El femicidio ocurrió en plena vía pública y a plena luz del día. Federico Nicolás, el agresor, la atacó a balazos, sin importar la presencia de los niños ni de posibles testigos. La joven no tuvo oportunidad de defenderse.

Los investigadores apuntan a una combinación de celos, control y resentimiento como los motivos detrás del crimen. La relación había terminado, pero la obsesión del agresor creció al notar que Camina intentaba rearmar su vida con independencia.

Vecinos del barrio relataron que no era la primera vez que se escuchaban gritos, amenazas o discusiones fuertes entre ellos. “Ella trataba de salir adelante, pero él no lo permitía”, aseguró una residente de la zona que pidió no ser identificada.

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Ni el dolor ni el luto detuvieron lo peor: el drama y horror que vivió familia de Camina Espíndola en pleno velatorio

Una familia destrozada y vulnerada otra vez

El asesinato fue solo el comienzo de un calvario que no tuvo pausa. Mientras familiares y amigos despedían a Camina Espíndola en una ceremonia íntima, su casa quedó sin vigilancia. Los delincuentes lo sabían. Aprovecharon el contexto, ingresaron por una ventana y se llevaron todo lo que pudieron.

Ludmila, hermana de la víctima, dio testimonio de ese momento tan cruel: “La gente se aprovechó de la situación y se llevó cosas. Cuando pasó lo de mi hermana nos olvidamos de cerrar. Entró gente a robar de todo”, dijo visiblemente afectada.

Por su parte, la madre de Camina, con la voz quebrada, expresó su indignación y dolor: “Rompieron una ventana para entrar. Dejaron pocas cosas. Me mataron a mi hija y esta gente viene y roba. Mis nietas se quedaron sin nada”.

Electrodomésticos, ropa, celulares, documentos y objetos personales fueron sustraídos. Todo lo que esta joven madre había conseguido con esfuerzo desapareció en cuestión de minutos. No solo la asesinaron, también despojaron a sus hijas del último refugio que tenían.

Un barrio golpeado por la inseguridad

Nuevo Alberdi Oeste no es ajeno a la violencia. En los últimos años, las denuncias por robos, entraderas y delitos violentos se han vuelto frecuentes. La impunidad con la que actuaron los ladrones en este caso refleja una desprotección total.

Vecinos exigieron mayor presencia policial, patrullajes constantes y respuestas de las autoridades. “Esto ya no se aguanta. No respetan ni el luto”, dijo un vecino que colaboró con la familia tras el robo.

En redes sociales, la indignación creció. Organizaciones feministas y de derechos humanos señalaron el abandono que viven muchas mujeres en contextos de violencia, incluso después de ser asesinadas.

El drama social detrás del crimen

El caso de Camina Espíndola no es un hecho aislado. En Argentina, el Observatorio de Femicidios de la organización “Ahora Que Sí Nos Ven” registró más de 270 femicidios en el último año. La mayoría de ellos fueron perpetrados por parejas o exparejas de las víctimas.

Muchas de estas mujeres habían denunciado previamente situaciones de violencia. Algunas incluso contaban con medidas de restricción que no se cumplieron o no se controlaron. El patrón se repite: desprotección, burocracia y desinterés estatal.

En este caso, no trascendió si Camina había realizado denuncias previas, pero el círculo íntimo sostiene que existían antecedentes de violencia. “Él no la dejaba en paz. La celaba, la seguía, la controlaba todo el tiempo”, contó una amiga cercana.

Otra tragedia en Tres Arroyos

Mientras Rosario intentaba digerir la noticia del crimen, otra tragedia sacudía a la ciudad de Tres Arroyos. Thomas Rafael Di Marco, un futbolista local de 22 años, perdió la vida en un violento accidente de tránsito.

El joven conducía un Volkswagen Gol cuando, por causas aún bajo investigación, perdió el control del vehículo y chocó de manera frontal contra una columna de alumbrado público. El impacto fue fatal.

El hecho ocurrió en la intersección de Avenida Monteagudo y calle Humberto Primo. Servicios de emergencia llegaron rápidamente, pero no pudieron salvarlo. La comunidad del fútbol regional lamentó profundamente la pérdida. “Era un pibe con futuro”, señalaron desde su club.

Familiares, amigos y compañeros de equipo lo despidieron con mensajes conmovedores en redes sociales. El club al que pertenecía publicó una imagen con un crespón negro y un mensaje claro: “Te vamos a extrañar, Tomi”.

El duelo colectivo ante las pérdidas

Ambos casos, aunque distintos en su naturaleza, comparten un eje: el dolor social por vidas truncadas. Por un lado, una joven madre asesinada frente a sus hijos y una familia saqueada durante el velorio. Por otro, un deportista con toda la vida por delante, perdido en un segundo.

Las historias de Camina Espíndola y Thomas Di Marco reflejan la vulnerabilidad de los ciudadanos frente a la violencia y los imprevistos. Muestran, además, cómo el sufrimiento se extiende más allá de las víctimas directas: afecta a niños, padres, amigos, vecinos y comunidades enteras.

Hoy, Rosario y Tres Arroyos lloran. Y lo hacen sin respuestas claras, sin justicia rápida, sin garantías de que estos hechos no volverán a repetirse.

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