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El buró del FMI quiere saber cómo hará Alberto para recuperar la inversión y pagar la deuda sin ajuste

Adrián Sack
por Adrián Sack |
El buró del FMI quiere saber cómo hará Alberto para recuperar la inversión y pagar la deuda sin ajuste

El primer contacto telefónico entre la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, y el Presidente electo Alberto Fernández llegó cuando ambos más lo necesitaban. Fue un primer apretón de manos virtual con más sabor a tregua que a inicio de una “relación productiva” –como les gusta verlo en Washington DC- pero, al menos, ratificó en público la voluntad del gobierno entrante de honrar la deuda con el organismo multilateral de crédito.

No se trata de un hecho menor: si bien Fernández nunca antes se había resistido a asumir el pago de la deuda, sus constantes críticas contra el FMI avivaron el fantasma de un noveno default soberano en Wall Street. La acusación de “complicidad” entre el prestamista y Mauricio Macri para someter a la Argentina a un endeudamiento casi imposible de levantar no pasó inadvertida por los analistas y operadores locales, quienes reafirmaron su idea de Fernández como un “Left-Wing Peronist” (“Peronista de Izquierda”) hostil al libre mercado.

En ese contexto, sumado a la convulsionada situación política de varios países sudamericanos, la llamada tuvo el efecto de un bálsamo revitalizador.

Sin embargo, para el Fondo, la Argentina continúa navegando en el peligroso mar de la incertidumbre. Georgieva, quien según el equipo de Fernández se mostró “ansiosa” por conocer la receta del gobierno para recuperar el crecimiento y reducir la pobreza, tiene aún varias incógnitas que despejar para pasar de la primera llamada a la negociación.

La primera, sin lugar a dudas, es cómo hará la administración del Frente de Todos para poder recuperar la inversión externa y la previsibilidad sin equilibrar las cuentas fiscales. Es decir, sin ajustar.

En los últimos meses, y en especial después de las PASO del 11 de agosto pasado, el statu-quo de Wall Street insistió hasta el cansancio en la necesidad de emprender una urgente reforma del sistema previsional, y también del laboral, para encauzar el déficit y dotar de previsibilidad a la golpeada economía argentina. Ninguna de estas dos reformas de reducción de costos figura en los planes de Fernández -al menos, hasta ahora- quien ha resaltado en estas horas que no quiere pagar la deuda ni ordenar la economía “con el hambre de los argentinos”.

El otro interrogante de la sucesora de Christine Lagarde apunta a quién será el especialista ejecutor de esas políticas. Para los Estados Unidos –incluyendo aquí a la Casa Blanca- no será lo mismo tratar con Matías Kulfas o con Cecilia Todesca que con Guillermo Nielsen, a quien conocen mucho por sus esforzadas y exitosas gestiones para obtener recortes de deuda en tiempos en que el Palacio de Hacienda estaba a cargo de Roberto Lavagna.

Nielsen también tiene aceitados contactos con los tenedores de bonos argentinos y es mencionado por las agencias y medios locales con recurrencia entre los favoritos a quedarse con el ministerio más importante del país. Aunque, en esta ocasión, aquí saben que su tarea podría ser todavía más dura que la emprendida a mediados de la década pasada: su respaldo generador de moneda de pago es aún más un pagaré –Vaca Muerta- que aquella extinta realidad de soja a 600 dólares la tonelada.

Más allá de las especulaciones, en este FMI de comunicados escuetos y muy cuidados –casi la totalidad de la información sobre el llamado proviene del círculo que rodea a Alberto Fernández- esperan que la “multilateralidad” proclamada por el Presidente electo los incluya… y con un papel mucho más importante y central que el declamado en sus apariciones públicas por el futuro Jefe de Estado.