La prueba fue lo que pasó con Guillermo Nielsen, el (casi) salido presidente de YPF. El economista (que antes fue lavagnista, massista y coqueteó con los liberales de Espert) había sido llevado al Gobierno por Alberto Fernández; incluso había sonado para ser ministro de Economía por su especialidad en renegociación de deuda.
¿Quién lo reemplazó? Pablo González, un dirigente de Santa Cruz que inició su actividad política en la década del 90 y fue ganando la confianza de Néstor Kirchner. Esa confianza se volvió un bien ganancial: fue diputado, senador, vicegobernador, otra vez diputado... fue miembro dos veces del Consejo de la Magistratura, un organismo clave para el kirchnerismo. No es un especialista en Energía; en cambio, puede funcionar como comisario político en un área clave. A Cristina le gusta tener línea directa con los funcionarios.
Cada vez que Alberto pierde una ficha, no tiene margen político para reemplazarla.
- Cuando se fue Alejandro Vanoli (Anses), Alberto quería reemplazarlo con un intendente del conurbano de su confianza. El lugar lo llenó la dirigente camporista Fernanda Raverta.
- Cuando se fue María Eugenia Bielsa (Vivienda), Alberto pensó otra vez en un intendente del conurbano. Se le dio, pero no fue el nombre esperado. Jorge Ferraresi es intendente, pero el más cercano al Instituto Patria.
- Algo similar pasó con las áreas energéticas, aunque Darío Martínez tiene buena sintonía con los distintos sectores del Frente de Todos.
En este escenario, Alberto no puede darse el lujo de perder más funcionarios. Por eso sostuvo a Donda, cuyo cargo tampoco era tan importante para el kirchnerismo. En cambio, YPF es un organismo central para el proyecto político de Cristina Kirchner. Cuando la salida de Nielsen se volvió inevitable, el kirchnerismo estuvo ahí para poner un soldado.