Su poder se sustenta en el respaldo popular mientras que la gobernabilidad depende fundamentalmente de la cohesión y del apoyo político interno que tenga el presidente Alberto Fernández.
Desde que delegó en Alberto Fernandez la responsabilidad de gobernar, Cristina enfrenta el desafío paradójico de ejercer su liderazgo sin socavar la autoridad del presidente. Nadie dijo que sería fácil. Queda un poco más de un año para demostrar si es posible.
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Cristina apuntó contra "los republicanos de morondanga" Macri, Larreta y Vidal (Foto: Telam).
Alberto Fernández nunca tuvo votos propios, llegó a la presidencia como un “delegado” de Cristina y ha demostrado estoicamente su lealtad a la Vice presidenta, rechazando la presión de algunos sectores que esperaban que se emancipe de su tutora. Alberto sabe que no puede gobernar solo, necesita el apoyo de los gobernadores, de los sindicatos, de las organizaciones sociales y, fundamentalmente, del kirchnerismo.
La Campora se ha consolidado como agrupación política, demostrando que puede sobrevivir fuera del gobierno y ocupando lugares estratégicos en la estructura actual de poder. Sin embargo, la renuncia sorpresiva de Maximo Kirchner a la jefatura del bloque y su rechazo al acuerdo con el FMI, ponen en riesgo la unidad del Frente de Todos y por consiguiente la gobernabilidad en un momento muy crítico para el gobierno y para el futuro del país.
La decisión de Maximo de ceder un lugar tan importante de poder en el congreso y el silencio de Cristina en medio de las negociaciones con el FMI dejan aislado a un presidente que viene perdiendo apoyo dentro y fuera de la coalición.
El silencio de Cristina habilita especulaciones, retrasa decisiones y confunde a propios y ajenos.
Tal vez, tanto Maximo como Cristina, se sientan decepcionados por Alberto Fernández. Tal vez opinen que el presidente no está a la altura del cargo que ostenta. Hay muchos argentinos que votaron al Frente de Todos en 2019 que comparten esa opinión. La diferencia es que Cristina es responsable de las decisiones que toma este gobierno porque lo eligió ella. Le guste o no, el gobierno de Alberto Fernandez es su gobierno. Así lo entienden los votantes.
Por eso, la decisión de Máximo es difícil de explicar. Podrá decir en el futuro: “yo no validé el acuerdo con el FMI”, pero también tendrá que asumir las consecuencias de no apoyar a su gobierno en un momento crucial.
Los dirigentes y funcionarios del Frente de Todos, la militancia y los argentinos en general necesitan ver a un gobierno unido, compartiendo una visión y trabajando por el bien común.
Cuando Cristina se expresa públicamente lo hace con un vigor y una elocuencia sin igual. Cuando calla otorga.
¿Usará el poder de la palabra para respaldar las decisiones de su gobierno o para debilitarlo? Pronto lo sabremos.
(*) El autor es director de la consultora Reyes-Filadoro.