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Opinión

Cristina y Maximo: entre el deseo de conservar el poder y la necesidad de garantizar la gobernabilidad

Desde que delegó en Alberto Fernandez la responsabilidad de gobernar, Cristina enfrenta el desafío paradójico de ejercer su liderazgo sin socavar la autoridad del presidente. Nadie dijo que sería fácil.
por Hernán Reyes | 19 de febrero de 2022 - 07:28
Cristina y Maximo: entre el deseo de conservar el poder y la necesidad de garantizar la gobernabilidad

Cristina Kirchner con Máximo Kirchner. (Foto: archivo)

Saber qué decir, cómo decirlo, cuándo y a quién, es tan importante como saber cuándo callar. Consciente del impacto que tienen sus palabras y de las expectativas que generan sus silencios, Cristina Kirchner administra con recelo sus apariciones mediáticas y sus intervenciones discursivas sin perder centralidad política.

La ex presidenta continúa siendo la dirigente más influyente y popular de la política nacional. A pesar de haber perdido apoyo electoral en su principal bastión, el Conurbano bonaerense, conserva el respaldo incondicional de un sector importante de los votantes que siente nostalgia por “los años dorados” del kirchenerismo y celebra cada vez que la vice presidenta opina sobre cualquier tema.

Cristina maneja los tiempos, elude las presiones, especula con su silencio y evita pronunciarse sobre algunos temas fundamentales mientras muchos argentinos (y extranjeros con intereses políticos y económicos en el país) aguardan con ansiedad saber si ella respalda o no las decisiones de su gobierno.

Desde que asumió la conducción del país el Frente de Todos, Cristina juega al límite, entre el deseo de conservar el poder (no el gobierno) y la necesidad de garantizar la gobernabilidad.

Su poder se sustenta en el respaldo popular mientras que la gobernabilidad depende fundamentalmente de la cohesión y del apoyo político interno que tenga el presidente Alberto Fernández.

Desde que delegó en Alberto Fernandez la responsabilidad de gobernar, Cristina enfrenta el desafío paradójico de ejercer su liderazgo sin socavar la autoridad del presidente. Nadie dijo que sería fácil. Queda un poco más de un año para demostrar si es posible.

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Cristina apuntó contra "los republicanos de morondanga" Macri, Larreta y Vidal (Foto: Telam).

Alberto Fernández nunca tuvo votos propios, llegó a la presidencia como un “delegado” de Cristina y ha demostrado estoicamente su lealtad a la Vice presidenta, rechazando la presión de algunos sectores que esperaban que se emancipe de su tutora. Alberto sabe que no puede gobernar solo, necesita el apoyo de los gobernadores, de los sindicatos, de las organizaciones sociales y, fundamentalmente, del kirchnerismo.

La Campora se ha consolidado como agrupación política, demostrando que puede sobrevivir fuera del gobierno y ocupando lugares estratégicos en la estructura actual de poder. Sin embargo, la renuncia sorpresiva de Maximo Kirchner a la jefatura del bloque y su rechazo al acuerdo con el FMI, ponen en riesgo la unidad del Frente de Todos y por consiguiente la gobernabilidad en un momento muy crítico para el gobierno y para el futuro del país.

La decisión de Maximo de ceder un lugar tan importante de poder en el congreso y el silencio de Cristina en medio de las negociaciones con el FMI dejan aislado a un presidente que viene perdiendo apoyo dentro y fuera de la coalición.

El silencio de Cristina habilita especulaciones, retrasa decisiones y confunde a propios y ajenos.

Tal vez, tanto Maximo como Cristina, se sientan decepcionados por Alberto Fernández. Tal vez opinen que el presidente no está a la altura del cargo que ostenta. Hay muchos argentinos que votaron al Frente de Todos en 2019 que comparten esa opinión. La diferencia es que Cristina es responsable de las decisiones que toma este gobierno porque lo eligió ella. Le guste o no, el gobierno de Alberto Fernandez es su gobierno. Así lo entienden los votantes.

Por eso, la decisión de Máximo es difícil de explicar. Podrá decir en el futuro: “yo no validé el acuerdo con el FMI”, pero también tendrá que asumir las consecuencias de no apoyar a su gobierno en un momento crucial.

Los dirigentes y funcionarios del Frente de Todos, la militancia y los argentinos en general necesitan ver a un gobierno unido, compartiendo una visión y trabajando por el bien común.

Cuando Cristina se expresa públicamente lo hace con un vigor y una elocuencia sin igual. Cuando calla otorga.

¿Usará el poder de la palabra para respaldar las decisiones de su gobierno o para debilitarlo? Pronto lo sabremos.

(*) El autor es director de la consultora Reyes-Filadoro.

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