Santilli, por estas horas, sostiene en público y en privado que el peronismo disidente de la provincia de Buenos Aires que acordó con Juntos será justamente el que se encargue de esa labor. “Los peronistas que estaban en el espacio se quedaron con Santilli; no se fueron con Joaquín de la Torre y Facundo Manes”, remarcan en el entorno del ex vicejefe de Gobierno.
Ese apoyo del peronismo tradicional que no está encuadrado dentro del Frente de Todos es lo que a Santilli lo entusiasma de cara a la contienda electoral. Y sobre ese mismo estuvo trabajando en los últimos meses a sabiendas de lo que vendría a ser una interna con el radicalismo.
Al margen de eso, el resto de los intendentes del PRO buscaron bajar el mismo mensaje. “Vamos a hacer lo mismo que cuando derrotamos a los radicales en las PASO anteriores”, remarcó uno de ellos. Es que la mayoría de los jefes comunales del PRO tuvieron, en su momento, una interna con dirigentes radicales.
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En este escenario las figuras de Héctor Gay (Bahía Blanca), Guillermo Montenegro (Mar del Plata), Martín Yeza (Pinamar), Ezequiel Galli (Olavarría) y Manuel Passaglia (San Nicolás) comienzan a volverse troncales.
“El problema no es tanto quién fiscalice, sino que se reparta la boleta”, señaló un veterano dirigente del macrismo. Es que las PASO entre Santilli y Manes no sólo servirán para dirimir parte del liderazgo en Juntos de cara al 2023, sino también para terminar de comprobar ciertas lealtades y traiciones. Esa es la principal duda que buscarán evacuar las PASO. “En el interior es raro ver ese tipo de prácticas, te diría que previamente habrá que ver quiénes reparten la boleta”, agregó otro dirigente del PRO.
En el radicalismo sostienen que el escenario en el interior de la provincia es mucho más ameno para ellos que en el AMBA. Si bien la mayoría de las cabeceras de los partidos e incluso las ciudades más importantes están en control del PRO, la estructura del centenario partido creen que será lo suficiente para torcer esa balanza.