"El silencio de la vicepresidenta le permite a Fernández hacer a un lado una discusión incómoda sobre quién manda en la Argentina. Callada Cristina, Alberto hegemonizó el escenario de poder. La libertad de reunión, de empresa, de circulación, de contratos quedaron rezagadas a la voluntad presidencial. Entonces nos preguntamos: ¿qué líder no soñó alguna vez con tanto poder? La respuesta fue un insulto". "El silencio de la vicepresidenta le permite a Fernández hacer a un lado una discusión incómoda sobre quién manda en la Argentina. Callada Cristina, Alberto hegemonizó el escenario de poder. La libertad de reunión, de empresa, de circulación, de contratos quedaron rezagadas a la voluntad presidencial. Entonces nos preguntamos: ¿qué líder no soñó alguna vez con tanto poder? La respuesta fue un insulto".
"El Presidente tiene mucho poder y nosotros somos un simple mosquito, un tanto molesto, pero no mucho más que eso. No van encontrar en mi una sola agresión del tipo personal al Presidente. Mi viejo, Mauro, me enseñó algo muy valioso: no descalificar al otro en lo personal por pensar distinto. Jamás me van a encontrar con esas bajezas, revolviendo porquería para atacar al otro, nunca caería en una mediocridad semejante". "El Presidente tiene mucho poder y nosotros somos un simple mosquito, un tanto molesto, pero no mucho más que eso. No van encontrar en mi una sola agresión del tipo personal al Presidente. Mi viejo, Mauro, me enseñó algo muy valioso: no descalificar al otro en lo personal por pensar distinto. Jamás me van a encontrar con esas bajezas, revolviendo porquería para atacar al otro, nunca caería en una mediocridad semejante".
"Estamos en un momento excepcional. El miedo a la muerte y al contagio funciona como ordenador social, estamos en guerra contra un enemigo invisible y eso nos unió como argentinos, postergando la grieta. El Presidente tiene todo nuestro apoyo para vencer en esta batalla por la vida, pero no se confundan. Las sociedades modernas no quieren líderes rabiosos, autoritarios ni absolutistas". "Estamos en un momento excepcional. El miedo a la muerte y al contagio funciona como ordenador social, estamos en guerra contra un enemigo invisible y eso nos unió como argentinos, postergando la grieta. El Presidente tiene todo nuestro apoyo para vencer en esta batalla por la vida, pero no se confundan. Las sociedades modernas no quieren líderes rabiosos, autoritarios ni absolutistas".
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