“El candidato oficialista no es un buen candidato opositor”. La frase la suele repetir como mantra el hoy consultor Juan Courel, que fue funcionario y uno de los hombres clave de la campaña de Scioli 2015.

Mauricio Macri y Cristina Kirchner durante una inauguración, en 2014.
“El candidato oficialista no es un buen candidato opositor”. La frase la suele repetir como mantra el hoy consultor Juan Courel, que fue funcionario y uno de los hombres clave de la campaña de Scioli 2015.
Mauricio Macri dijo que a su gobierno había que juzgarlo en función de cuánto bajara la pobreza. No lo logró: los índices marcaron un 32%, similar al que dejó el kirchnerismo. Tampoco el gobierno de Macri planteó medidas concretas para bajar esa pobreza; un plan de estabilización macroeconómica (que además no funcionó) es insuficiente.
El dólar es apenas un termómetro que marca la fiebre, pero no es el problema principal de la economía. Aunque el hecho de que todos estemos pendientes de sus idas y vueltas le agrega condimento a un modelo de gestión que no arranca y nunca arrancó.
Según la mayoría de las consultoras, la inflación de abril seguirá en torno al 3,5%. Es decir, no se verá ninguna baja en el índice que se publicará a mediados de mayo. Si estas proyecciones se confirman, difícilmente la inflación de mayo (que se conocerá en junio, días antes del cierre de listas) baje de los 3 puntos.
“Hay un componente inercial que todavía empuja de la devaluación del año pasado que te pone un piso en 2%. Pero sumale la devaluación de estos días y en mayo vamos a estar cerca de 4% como estos meses”, describe un economista opositor moderado. El panorama es sombrío.
Frente a ese escenario se empiezan a plantear alternativas en el mundo oficialista. ¿Vidal? ¿Larreta? ¿Lousteau? Todos matices que no servirán para nada si algún índice no mejora. ¿Cuál sería el discurso con que podría cualquiera de ellos convencer a ciudadanos que quieren votar a la oposición? ¿Cuál sería la idea de “cambio” que pueden proponer candidatos alternativos dentro de Cambiemos?
La idea de un candidato oficialista con discurso (moderadamente) opositor fue planteada por Eduardo Angeloz en 1989. En medio de una hiperinflación y un dólar disparado, Angeloz desde un radicalismo disidente proponía reformas promercado. La gente no lo escuchó y perdió contra un Menem que proponía el salariazo que nunca llegó.
Algo similar pasó con Duhalde en 1999. Candidato del PJ, su discurso productivista no logró convencer a la ciudadanía que pedía “un cambio”. Duhalde era visto como un eslabón de continuidad del menemismo, pese a que planteaba ideas económicas distintas. La gente votó un cambio, pero De la Rúa implementó “menemismo de buenos modales” manteniendo el modelo económico. Así terminó.
Una incógnita es lo que pasó con Daniel Scioli. En 2015 era el candidato oficialista, tenía a un candidato a vicepresidente ultraoficialista, en sus boletas eran todos oficialistas… ¿por qué un opositor lo votaría por más matices que le pusiera al discurso? Imposible saberlo, pero cuando Scioli radicalizó su discurso, terminó subiendo en las encuestas hasta acercarse a casi 2 puntos de Macri en el balotaje.
¿Qué podría ofrecer Larreta (que fue jefe de gabinete de Macri en la ciudad) para mostrar que es diferente? ¿Cómo tendrían que armarse las listas de legisladores para mostrar un cambio de rumbo cuando no hay una sola señal de la economía que muestre resultados favorables?
Las propuestas de una alternativa oficial a la candidatura de Macri suenan más a desesperación de algunos sectores empresarios que a una opción real. Aún perdiendo, el PRO como organización política tiene la misión de sobrevivir a su fundador. Para eso, necesita retener la ciudad y, en lo posible, la provincia.
El número mágico
Las encuestas muestran en provincia de Buenos Aires un número mágico. El 38. Es el número del empate técnico en intención de voto entre dos mujeres: Cristina Kirchner y María Eugenia Vidal. Claro que ambas competirían en categorías distintas: una para presidenta y otra para gobernadora. ¿Le trasladará Vidal su intención de voto a Macri que hoy aparece derrumbado? ¿O por el contrario transferirá Cristina sus votos a su candidato a gobernador, que todavía aparece como una incógnita?
En los laboratorios de campaña de Vidal hay preocupación: no creen que el corte de boleta sea tan alto.
Las encuestas que maneja el gobierno nacional hoy la tienen a Cristina arriba de Macri. Sin embargo, un consultor que conoce al PRO desde cerca advierte: “Esos números los difunde el propio gobierno para agitar el fantasma de Cristina. Si no, no los conoceríamos”.
Mientras tanto el kirchnerismo se ilusiona con volver. Y algunos sectores políticos están preparando un boceto de lo que podría ser un programa económico para después de diciembre de 2019, en caso de victoria. En ese paper, guardado bajo siete llaves, se contemplan estos puntos:
El problema de este programa es que en la práctica implica volver al 2015 cuando tampoco la economía mostraba signos de crecimiento y muchas de esas medidas actuaban como un tope a la inversión.
¿Hay otras opciones? Hay. Pero por ahora no levantan en las encuestas. Claro que faltan más de 4 meses para las PASO y 6 para la elección general.
Según una encuesta que elaboró la consultora Reyes-Filadoro para A24.com, el 33% de los votantes decidió su voto 48 horas antes de la elección. Todavía queda mucha agua por correr abajo del puente.