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La grieta que divide a los argentinos no es ideológica sino económica

por Hernán Reyes | 26 de marzo de 2019 - 11:33
La grieta que divide a los argentinos no es ideológica sino económica

Desde que inauguró el año legislativo, el presidente Mauricio Macri ensaya la estrategia discursiva que podría llevar adelante en la campaña electoral. Los argumentos utilizados son bien conocidos ya que forman parte de un relato que Cambiemos lleva años perfeccionando pero que, a medida que se profundiza la crisis, corre el riesgo de ser interpretado como una provocación por un sector de la población que lo votó en 2015, pero que se siente decepcionada, frustrada y enojada.

Del laboratorio de comunicación del gobierno brotan metáforas, eufemismos, analogías, imágenes hiperbólicas de una visión del país que parece cada vez más disociada de la realidad que vive la mayoría de los argentinos.

El uso de los recursos literarios en la comunicación política no es novedoso ya que suele ser muy efectivo para sintetizar ideas complejas, transmitir imágenes potentes y generar emociones en los votantes. Pero la palabra es un arma de doble filo cuando no es acompañada por acciones que la doten de credibilidad.

“Resfrío”, “turbulencia “y “tormenta” fueron los eufemismos elegidos por el gobierno para evitar hablar de “crisis” mientras que “sinceramiento” y “normalización” reemplazaron la palabra “ajuste” en el diccionario cambiemita.

Cuando se desató la corrida cambiaria en 2018, se decidió recurrir a la metáfora de Macri como un “capitán de tormenta” para transmitir la idea de un presidente en control de la situación. Sin embargo, una encuesta realizada por Reyes-Filadoro en la provincia de Buenos Aires en mayo de ese año revelaba que esa metáfora resultaba poco creíble para la mayoría de los bonaerenses.

Sólo el 27% confiaba en la capacidad del gobierno para corregir el rumbo económico mientras que el 63% creía que el país podía terminar en una crisis similar a la del 2001. Cuatro meses después, nuestra encuesta revelaba que ocho de cada 10 argentinos rechazaban el nuevo acuerdo con el FMI y opinaban que la política económica que estaba implementando el gobierno era parte del problema y no de la solución.

A pesar de que todos los indicadores dan cuenta de una caída profunda de la actividad económica y un agravamiento de la crisis social, el gobierno se muestra cada vez más convencido, reafirma el rumbo elegido y confía de que los argentinos van a redoblar su esfuerzo antes que rendirse o rebelarse.

La encuesta de marzo de este año de Reyes-Filadoro registra una caída en la imagen del gobierno y un aumento significativo del pesimismo.  El 77% de los argentinos no cree, como opina el gobierno, que lo peor ya pasó sino que espera que la crisis se agrave durante los próximos seis meses. La encuesta también revela que los principales argumentos del gobierno son aceptados por su núcleo duro de votantes  pero son rechazados por el 70% de la población.

El núcleo duro de votantes de Cambiemos, compuesto casi exclusivamente por personas que reportan una situación económica positiva, expresa un alto nivel de acuerdo con el mensaje del presidente. La mayoría de ellos cree que el gobierno está haciendo cambios estructurales que habían sido postergados por gobiernos anteriores.

Este sector del electorado, que ronda el 25% de la población, coincide con el razonamiento de Macri: “Estamos mal, pero vamos bien”.  En el resto de los votantes, especialmente entre los más perjudicados por la recesión, por la perdida de poder adquisitivo, por el desempleo y por la inflación, las palabras del presidente suenan casi como una provocación. ¿Qué quiere decir el presidente cuando afirma que “estamos mejor parados que en 2015”?

Hace tiempo que el gobierno perdió la credibilidad en un sector importante del electorado que se siente enojado, frustrado y cansado de que le pidan sacrificios a cambio de nada. La mitad de los argentinos, decepcionada por el gobierno de Mauricio Macri, espera mucho más que palabras de aliento y promesas. Espera que el esfuerzo que vienen haciendo desde que asumió Macri se traduzca en una mejor calidad de vida.

Difícilmente pueda Macri compensar el fracaso de la política económica reeditando el mismo relato que tan buenos resultados electorales le dio hasta ahora. La situación actual es muy distinta a la del 2015 cuando la población demandaba un cambio de estilo o a la del 2017, cuando los argentinos creían que el gobierno necesitaba más tiempo para llevar adelante su plan.  El tiempo se agota para millones de argentinos que se sienten, angustiados, desesperados e impotentes frente a un contexto económico adverso que no muestra señales de recuperación.

La famosa “grieta” no es ideológica sino económica. El país se divide entre los que llegan a fin de mes y los que ya no tienen a quien pedirle dinero prestado para cubrir sus necesidades básicas; los que envían a sus hijos a una escuela privada para que aprendan programación y los que envían a sus hijos a una escuela pública para que tengan un plato de comida diaria; los que se van a dormir con la panza llena y los que no pueden conciliar el sueño del hambre.  

En este contexto queda poco margen para la “épica del sacrificio” con la que el gobierno pretende llegar a las elecciones de octubre.

(*) Director de la consultora Reyes Filadoro

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