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La dirigencia en el laberinto de sus internas, la economía en la búsqueda de dólares y la sociedad más inquieta

Las internas en el oficialismo generan inmovilidad en la economía. Los números que no mejoran y un cánto peligroso que vuelve a aparecer.
por Gustavo Marangoni | 07 de abril de 2023 - 10:27
La dirigencia en el laberinto de sus internas, la economía en la búsqueda de dólares y la sociedad más inquieta

La agresión a Sergio Berni desnuda una faceta más de la crisis política argentina (Foto: Archivo)

Una semana intensa, que anticipa el voltaje de las que vendrán. El presidente Alberto Fernández concedió antes de Semana Santa una extensa entrevista con muchas definiciones, todas ellas sugiriendo que su autoestima está alta y la autopercepción de su gobierno también.

De sus declaraciones se puede inferir que no da por descartada la posibilidad de intentar la reelección, alentado quizás por la decisión de Cristina Kirchner de no participar y del juicio de valor del titular de la Rosada respecto al verdadero peso específico de los otros pre-candidatos del Frente de Todos.

Se muestra asimismo cada vez más distante de las críticas que le dirigen referentes del kirchnerismo, inclusive las de su propio Ministro del Interior, Wado de Pedro, quien lo sindica como el responsable directo de una PASO inconveniente para las posibilidades de la coalición oficialista.

El punto es relevante porque de competir el mandatario en una primaria -y perder-, la oposición encontraría un punto fuerte para encarar la primera vuelta: el gobierno es mal calificado aún por propios sus votantes. Y en el caso de triunfar, probablemente los votos leales a la vicepresidenta no se sentirían a gusto para trabajar por la reelección de quien fuera desleal con su madrina del 2019.

¿Qué se vayan todos?

Pero dentro del campo del Frente de Todos, se registraron otros acontecimientos que recordaron la gravedad de la grieta interna que distancia a muchos de los ¿socios?

El crimen de Daniel Barrientos, colectivero del conurbano, generó un paro con movilización que concluyó en una dura golpiza al ministro de seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni por parte de los compañeros del chofer.

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Sergio Berni, en el momento en el que fue agredido durante la protesta por el crimen del colectivero (Foto: NA).

La tragedia original devino en pugilato y por último en comedia de enredos entre acusaciones cruzadas de todos contra todos: autoridades nacionales vs provinciales, funcionarios de la administración Kicillof vs dirigentes de Juntos por el Cambio y hasta una severa crítica de Cristina frente al operativo de las policías de ambos distritos (ciudad y provincia) para detener a los agresores de Berni.

Ante este espectáculo, no es de extrañar que un viejo cántico de protesta haya reaparecido luego de dos décadas archivado: “Que se vayan todos”. Puede resultar exagerado sostener que regresó del 2001 con la misma fuerza de entonces, pero no deja de resultar una advertencia de un estado anímico que parece estar instalado transversalmente en distintos sectores de la sociedad.

¿Será caso la consolidación de la performance de Javier Milei en las encuestas una forma de señalarle a los dirigentes tradicionales que están demasiado ocupados en una agenda muy autorreferencial, floja además al momento de mostrar resultados?

Desde ya que la pregunta involucra a los dirigentes de Juntos por el Cambio, muy atareados en tratar de resolver internas distritales (con CABA a la cabeza) para intentar evitar fracturas o desgastes que pongan en peligro lo que hasta hace pocos meses se consideraba casi un hecho: el regreso a la Casa Rosada.

La economía no ayuda

billetes de 100 pesos y dolares - FOTO ALMENDRON.jpg

La agenda económica aportó lo suyo. El esperado dólar soja mutó a dólar agro incorporando los productos de las economías regionales, explicitando la urgente necesidad de abastecer de dólares las alicaídas reservas. Existe plena conciencia en todos de las ventajas y debilidades de la medida que recuerda el coloquial refrán de "pan para hoy y hambre para mañana”.

Pero la necesidad obliga a privilegiar las divisas ahora y procrastinar al máximo posible las consecuencias que los pesos para adquirirlas generarán sobre la deuda cuasi fiscal (BCRA) y las consecuentes presiones inflacionarias. La evolución de los indicadores macroeconómicos se convierten la verdadera variable independiente del año electoral en el que se concentran como nunca los estrategas y responsables del marketing político.

Una parte sustantiva de esos indicadores muestran signos de fatiga: El despacho de nafta y gasoil, las ventas medidas por CAME, el consumo de carne y la confianza de los consumidores, dan señales a la baja respecto a un año atrás. Párrafo aparte, resulta necesario destinar al comportamiento del salario real de los trabajadores formales, que durante el mes de enero cayó un 6% interanual en términos reales y, dada la inflación observada en febrero y la esperada para marzo, no tiene perspectivas de mejora al menos en el primer trimestre.

Para una coalición que basa su mensaje en la necesidad de fortalecer los ingresos y el consumo, estos datos duelen el doble. Por el lado del sector externo, las exportaciones han sufrido luego de los dólares soja y ha vuelto el déficit comercial en enero. Para febrero se han recuperado en el margen, pero el superávit del mes no alcanza para revertir el resultado negativo del primer bimestre.

En lo que respecta a marzo, la posición vendedora en el mercado de cambios del BCRA nos hace pensar que habría vuelto el déficit comercial durante este mes. Las reservas netas cerraron febrero en torno a los USD 3.100 millones y en marzo ya habrían perforado el piso de USD 1.500 con datos provisorios.

En síntesis, los USD 20.000 millones menos en exportaciones que implicará la sequía este año tendrán que salir de algún lugar y como la última opción del Gobierno es una devaluación, muy probablemente ese dinero se compense con menores importaciones. Esta decisión impactará de lleno en los niveles de actividad. Y por lo tanto, en los ingresos de los asalariados, tanto formales como informales.

Si, como decía el siempre citado Juan Perón, la víscera más sensible del ser humano es el bolsillo, el Frente de Todos deberá actuar rápido para mitigar a la brevedad la situación. Deberá especular con que algunas medidas de urgencia combinadas con la división de la oposición le otorguen una mínima luz de esperanza en un escenario que hoy se presenta muy amenazante para las pretensiones de continuación en el poder.

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