Según la última encuesta de Management & Fit solo un 33% de la sociedad se identifica como peronista. Una parte de ese peronismo (la encuesta no precisa cuántos) está encolumnado en el kirchnerismo que tiene una intención de voto del 30%.

Según la última encuesta de Management & Fit solo un 33% de la sociedad se identifica como peronista. Una parte de ese peronismo (la encuesta no precisa cuántos) está encolumnado en el kirchnerismo que tiene una intención de voto del 30%.
Por otro lado, casi el 28% del electorado no se identifica con ningún partido y el 10,7% no contesta (total de "independientes o en duda 37,6%).
Cualquier alternativa competitiva que quiera surgir debe intentar interpelar a ese 37,6% que no se identifica con nadie. Los actos del Día de la Lealtad (el de Tucumán, Buenos Aires o Corrientes) exhibieron la mayor de las liturgias peronitas: las 100 mil personas, la marchita, el bombo, las pancartas, los sindicalistas, las chombas, las gorritas, la transpiración, los muñecos inflables con la cara del caudillo... justamente los símbolos de los que parte de la sociedad descree. Y justamente es la fracción de la ciudadanía a la que hay que convencer.
Macri (como candidato) entendió que una campaña pasaba por otro lado y prescindió de ese tipo de eventos. Salió del microclima de la política, empezó a hablarle a la gente y ganó todas las elecciones en que se presentó desde 2007.
El acto de Manzur en Tucumán fue impresionante por la calidad y cantidad de caras que exhibió: Sergio Massa, Daniel Scioli, Miguel Pichetto, Carlos Acuña y Héctor Daer (los dos jefes de la CGT oficial), Julio Piumato (hasta hace dos semanas en el moyanismo); Luis Barrionuevo, Rodolfo Daer, Graciela Camaño, Marco Lavagna; Diego Bossio y Pablo Kosiner (hobre de Urtubey en Diputados); la gobernadora de Catamarca Lucía Corpacci, el de La Rioja Sergio Casas; y hasta los medíáticos Julio Bárbaro y Jorge Asis... Todos nombres impactantes para el círculo rojo pero que la mayoría de la sociedad no reconoce.
Massa, al subirse al escenario de Manzur el miércoles, salió a disputar los votos peronistas. El problema es que las postales peronistas suelen espantar a los independientes. ¿Por qué Sergio Massa que venía callado y sin aparecer decidió viajar a Tucumán?
Necesita generar un armado en el interior. Manzur lo garantiza: es el que viene convocando a los gobernadores a la mesa del CFI. Ya la semana pasada estuvo con Rosana Bertone. Massa sabe que su poder de fuego está en la provincia de Buenos Aires y necesita sumar aliados para crecer y consolidarse como una opción dentro del peronismo.
A su vez, sabía que ni Urtubey ni Schiaretti iban a ir a Tucumán: viejas peleas entre gobernadores. Massa necesitaba ocupar ese espacio.
Un importante senador oficialista miraba las escenas de los actos por TV y aseguraba: "Esto nos viene genial a nosotros". Estaba convencido de que la sociedad no quiere volver a eso.
Mientras eso pasaba en Tucumán, Juan Manuel Urtubey lanzaba un plan alimentario en en Salta. "La lealtad es con el pueblo", recitó. Un simple acto de gestión y no mucho más. Cree que puede captar independientes si el Gobierno fracasa con todas sus recetas económicas. Y está convencido de que así será. Pero para eso tiene que mantenerse libre de liturgia peronista. Y es el camino que está intentando.
Mientras tanto, Macri festeja. Mientras no surjan alternativas para ese electorado independiente, su proyecto político está vivo.