El 10 de febrero de 1912 sucedería uno de los grandes acontecimientos que marcarían la historia del país y su sociedad, la sanción de la Ley Electoral Argentina.

El 10 de febrero de 1912 sucedería uno de los grandes acontecimientos que marcarían la historia del país y su sociedad, la sanción de la Ley Electoral Argentina.
La Ley Electoral Argentina abarca una buena parte de la historia y la realidad argentina del presente no sería la misma si no hubiera sido por este gran hito democrático.
El nombre de esta ley se aplica en honor a su impulsor, el Presidente Roque Sáenz Peña quien formaba parte del ala modernista del Partido Autonomista Nacional.
Sancionada por el Congreso de la Nación Argentina el 10 de febrero de 1912, la ley 8.871 "Sáenz Peña", establece el voto secreto y obligatorio para los ciudadanos argentinos, nativos o naturalizados, que sean mayores de 18 años de edad exceptuados los mayores de 70 años habiten en el país y que estén inscriptos en el padrón electoral.
En las provincias de Santa Fe y Buenos Aires fue donde se realizó la primera aplicación de la Ley Electoral Argentina, en abril de 1912. Mientras que las primeras elecciones presidenciales realizadas bajo el sistema de la ley ocurrieron en 1916, cuatro años después de su sanción, obteniendo como resultado el triunfo de Hipólito Yrigoyen, candidato por la Unión Cívica Radical.
Al momento del sufragio, el presidente de mesa entregaba un sobre abierto y vacío, el ciudadano introducía su voto en el “cuarto oscuro” lugar sin ventanas y sin otra presencia, y al salir lo deposita cerrado, en la urna sobre la mesa. El Ejército se encargaba de fiscalizar el desempeño del acto electoral.
Además se establece el “llamado sistema de lista incompleta” donde el partido que más votos obtenía, se quedaba con dos tercios de los cargos que se proponía y el segundo, el tercio que restaba.
La Ley Electoral Argentina excluía del derecho al voto a las mujeres, a aquellos varones extranjeros no nacionalizados y a los argentinos nativos que habitaban en los Territorios Nacionales, es decir aquellos que no constituían provincias, las cuales eran sólo catorce en esos años y poseían una buena parte de población originaria.
A su vez no era solo esa parte de la sociedad, sino que también dejaba afuera a los religiosos, los soldados, los detenidos por juez competente y a los” incapaces” de ejercer sus derechos como enfermos y discapacitados.
A pesar de todas las restricciones, la ley Sáenz Peña logró posicionar a la Argentina a nivel mundial por ser uno de los pocos países donde se podía ejercer el libre derecho de ciudadanía. Esta ley permitió el acceso de la clase media a ejercer poder a través de su voto.
A lo largo de la historia, siempre se dio el voto cantado, el fraude y la compra de votos como una realidad irremediable. Pero la Ley Electoral Argentina de Sáenz Peña logró establecer un voto secreto, obligatorio y universal.
Si bien la ley pretendía ser universal y lograr que todos los ciudadanos pudieran votar, muchos quedaron excluidos hasta la sanción de la ley 14.053 en 1951 para poder expresar su voluntad electoral.
La primera mujer en votar en Argentina fue la Dra. Julieta Lanteri, quién votó el 26 de noviembre de 1911. Posteriormente se sancionó en la ciudad de Buenos Aires una ordenanza que determinaba el uso del patrón del servicio militar obligatorio como patrón electoral, por lo que genero la de demora de las mujeres al padrón hasta 1947.
El objetivo principal de la ley Sáenz Peña fue el de combatir el fraude, delito que venía ocurriendo en los gobiernos anteriores desde la presidencia de Bartolomé Mitre en 1862.
La Ley Sáenz Peña permitía a los votantes no votar por la lista entera, lo que aseguraba la representación de la minoría.
Antes de la sanción de la Ley Electoral Argentina, un total del 1,7% de la población fue la que pudo votar en las elecciones presidenciales previas a el año 1912, mientras que al correr los años ya ejercía su voto un poco más que el 20% de la totalidad de la población masculina nativa que participaba.
El fraude era común. Las elecciones eran manipuladas a través de varios mecanismos como el uso de padrones de ciudadanos que habían fallecido, errores de confusión, registros indebidos o nombres de personas inexistentes .
A su vez, se realizaba la compra de votos. Al emitir el voto los ciudadanos recibían un vale monetario, el cual se canjeaba por efectivo en el comité de dicho partido. También se remplazaban, robaban o desaparecían las boletas, mientras que algunos votos emitidos, a favor del partido opositor, eran destruidos.
Al inicio de la democracia, como no existía la Ley 8.871, la forma de votar era el voto cantado. Solo del sexo masculino y mayor de edad, nativo y que habite en la Nación podía votar. No existía restricción por el nivel socioeconómico o de educación.
El país se encontraba dividido en distritos electorales donde cada votante lo hacía por una lista completa, es decir, una lista en donde se colocaban a aquellos los candidatos para todos los cargos. Ese voto, el cantado, era registrado en una planilla, confeccionada por la autoridad electoral ya que existían varios padrones. Normalmente el acto electoral era realizado al aire libre o en lugares públicos como el atrio de iglesias designadas.
Si el voto del ciudadano no coincidía con el que dominaba su circuito electoral, este tendría graves problemas como la pérdida de su empleo y amenazas hasta su muerte y la de su familia. En estas votaciones también se utilizaban votos pertenecientes a los fallecidos, se quemaban urnas e incluso se falsificaban los padrones completos, entre otras cosas.
La Ley Electoral Argentina trajo mucho más que un voto secreto y voto obligatorio. Fue una propuesta para profundizar la democracia, evadir la corrupción y dar camino a una transparencia de la elección de los pueblos.