En segundo lugar, es Federal por que se reconoce autonomía a las Provincias. No obstante, estas deben obedecer al poder central (presidente de la nación), pueden elegir su propio gobierno (gobernadores y legisladores), y dictar su constitución y demás leyes en consonancia con la constitución nacional. También conforman su propio poder judicial para la decisión de conflictos que no deben ser resueltos en el orden nacional.
El concepto de República desde sus orígenes
La palabra República proviene del latín (res: cosa; populus: pueblo), cosa oficial, cosa del pueblo, que le pertenece al pueblo y no a un monarca o a un déspota como en otras épocas o en otros países.
Las autoridades ocupan el poder a través de una de las formas de gobierno, en este caso, la democracia o gobierno del pueblo. En la República Argentina el gobierno está en manos del presidente, a diferencia de otros países que no adoptan esta forma.
El mandatario se vale de sus colaboradores para llevar adelante la tarea de gobernar (jefe de gabinete, Ministros etc). Así entonces, en el concepto moderno una república es una democracia representativa.
El poder es ejercido por los elegidos mediante el voto popular. Pero en todos los casos estos deben hacerlo conforme a la Constitución y demás leyes dictadas a lo largo de la vida del país.
Además, la división de poderes garantiza el recíproco control entre los gobernantes (Presidente-Legisladores- Jueces). Estos deben velar por el respeto a los derechos individuales. Una vez electos, no pueden ni deben apartarse de las garantías conseguidas a lo largo de la historia de la patria tales como la igualdad ante la ley, el derecho de defensa en juicio, el juzgamiento previo a una condena por jueces naturales, la vida, la libertad, el derecho al voto, a deambular libremente, a trabajar, enseñar y aprender, publicar las ideas por la prensa sin censura previa).
Los derechos que también forman parte de una noción de República
Para actualizar el concepto de república que viene dado de los romanos hace más de 2000 años, es necesario traerlo a los tiempos actuales y ponerlo a prueba. Las necesidades de los pueblos de aquellos tiempos no son las mismas que las que se presentan en la actualidad. Las sociedades se organizan autónomamente para reclamar sus derechos y lograr distintas conquistas, que luego se resuelven en las cámaras de la República de la forma más favorable posible, y democráticamente.
En el siglo XXI, los derechos humanos son otro eslabón de la cadena sobre la cual se sostiene una república. La igualdad de género, la protección de la familia y los consumidores, el derecho ambiental, son algunos de los ejemplos más comunes respecto al tema. Ya existen derechos humanos de primera, segunda y tercera generación.
Estos derechos no se definen como estáticos: por el contrario, son dinámicos. A medida que la sociedad se desarrolla en el tiempo, nacen nuevos hechos que merecen protección. Por ejemplo, en la era de las redes sociales, la privacidad de los ciudadanos es un derecho a proteger. La salubridad del planeta para quienes nacerán en el futuro también merecen el cuidadoso examen de quienes resulten elegidos en los próximos comicios.
La paz social es un valor a conseguir en conjunto. Ninguna paz es duradera sin el respeto por las personas. Cuando la aplicación de una ley lleva a un resultado disvalioso para la gente, es también una obligación de los elegidos priorizar el bien común. Para ello, cuentan con suficientes herramientas pudiendo derogar y sancionar nuevas leyes actualizadas a las necesidades modernas.