¿En dónde hay acuerdo entonces? En la restricción horaria. Provincia habla de cerrar todo a las 22; y Ciudad quiere cerrar a las 24 y reabrir a las 10 u 11 de la mañana. Las diferencias no serían tan grandes si solo se tratara de eso.
Pero no es solo eso
Provincia quiere avanzar más allá, aunque tiene los límites políticos que le impone el propio Alberto. Quieren mayores controles en el transporte (lo que virtualmente impediría que trabajen algunas actividades de CABA), cierre de actividades recreativas (incluyendo restoranes) y (como último punto) restricción horaria para la actividad nocturna. No prevén el cierre de escuelas por ahora.
¿La gente cumpliría una medida de ese tipo? En Ciudad dicen que no, que lo tienen medido en encuestas y focus groups. En Salud de la Provincia (que solo trabajan con encuestas) dicen que con que una parte de la población lo respete, ya tienen cumplido su objetivo.
Ciudad insiste que no puede hacer normas que la gente no vaya a cumplir. Provincia insiste en forzar la autoridad del Estado a través de normativas duras.
Son dos modelos de gestión diferentes y dos concepciones opuestas sobre el rol del Estado.
Pero en el medio también se meten cuestiones electorales:
- El mayor rechazo a las medidas restrictivas está en los votantes de Juntos por el Cambio; especialmente los emprendedores, cuentapropistas, etc. Larreta no tiene margen para pelearse con ese segmento.
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El costo político de Larreta de un colapso del sistema sanitario es menor que el de Axel: la mayor parte de la población de la Ciudad se atiende en el sistema de salud privado. Ahí irán los reclamos si algo sale mal.
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Kicillof gestiona un sistema de salud estallado, desde antes de la pandemia. Necesita cerrar lo más posible y evitar la circulación a CABA para que no se le desborde todo.
- Su economía no se ve tan alterada por los cierres: las fábricas del conurbano siguen trabajando, los empleados formales siguen cobrando y los informales… no van a respetar restricciones. De todos modos, piden que el gobierno nacional intervenga con IFE.
- Para Ciudad, los comercios y servicios son casi la totalidad de su actividad. Si hay cierres, no hay forma de sostener la economía.
"Esta fue una reunión de evaluación e intercambio de información para analizar distintos escenarios sanitarios y epidemiológicos para tomar medidas por el aumento rápido y sostenido de casos, afectando lo menos posible la recuperación de la economía y el cuidado de la salud de los argentinos", avisaron desde Casa Rosada minimizando la importancia del encuentro. La discusión sigue este martes a las 14.
El otro debate, las vacunas
En la reunión con Alberto Fernández, Larreta le habló de la necesidad de apurar la vacunación a mayores de 60. Planteó que la Ciudad tiene una población más “envejecida” y por lo tanto debería recibir más vacunas que el resto.
Alberto sugirió que el PAMI ayude en el plan de vacunación. La cosa quedó abierta y nunca quedó claro a qué se refería.
Después del encuentro, el PAMI recibió instrucciones precisas para que refuerce la campaña de vacunación en las provincias. Todavía falta ultimar detalles con el Ministerio de Salud para ver en qué consistiría esa ayuda.
Probablemente, Nación le entregue al PAMI vacunas para que aplique a sus afiliados. Esto le serviría a Larreta porque podría usar su ración de vacunas para la población no afiliada al PAMI.
El instituto de los jubilados dice que, por ejemplo, recibió ya partidas especiales para vacunar a 30.000 jubilados que viven en geriátricos de la provincia de Buenos Aires. Y que, además, en territorio bonaerense aplicó su logística para agilizar el proceso de vacunación. “Es raro que Larreta no nos haya llamado hasta ahora”, se quejan en el PAMI.
Lo cierto es que Ciudad no quiso dejar en manos del PAMI –controlado por la camporista Luana Volnovich- el esquema de vacunación. Probablemente, mezquindad política.
Pero Alberto tampoco le quiere dar más vacunas a CABA para que las aplique Larreta. Ofrece hacerlo a través del PAMI. Probablemente, mezquindad política.
En medio de la segunda ola, los dirigentes políticos hacen también sus cálculos electorales. Hay cuestiones de fondo y cuestiones de forma. El problema es que mientras ellos se pelean, nos devoran los de afuera.