Tuve el honor de participar, junto a diversos grupos de investigadores, en estos tipos de estudios e invenciones. Uno de ellos era la producción de nanopartículas metálicas que potencian la fijación biológica de nitrógeno y controlan enfermedades en semillas. Los mismos dieron resultados alentadores y se espera que ayuden a generar nanofertilizantes para cultivos intensivos y extensivos. Este es un ejemplo del sector privado, junto al Estado, coordinando esfuerzos y recursos para potenciar la producción y generar empleo.
La investigación científica no es una hazaña individual, sino que se nutre del intercambio de conocimiento, del financiamiento de diferentes actores y de la aplicación de una misma tecnología a otra área productiva. Por ello, potenciar el asociativismo en Argentina se vuelve una condición necesaria para el desarrollo científico-tecnológico. Pequeños y grandes productores, universidades, cooperativas y organismos técnicos del Estado deben trabajar mancomunadamente en miras de un objetivo común: producir más, con menos costo, menos impacto ambiental y creando más puestos de trabajo.
Muchas veces la tecnología avanza y las leyes llegan tarde. Fue así con la primera ley de biotecnología, sancionada en 2007, cuando las inversiones y desarrollos en el sector ya llevaban décadas. Con la sanción de esta nueva ley, y la incorporación de la nanotecnología a la misma, hemos dado un gran paso para que nuestro sistema normativo acompañe e impulse el avance de la tecnología aplicada.
(*) Jorge Vara es Diputado Nacional por ECO-JxC. Presidente de la Comisión de Asuntos Cooperativos, Mutuales y Organizaciones no Gubernamentales.