Y Macri, que es ingeniero, siempre va a optar por los datos
por sobre la política. Y optó.
Ninguno de los argumentos que esbozaba el vidalismo fue refutado de manera tajante. De hecho, al tomar la decisión, cerca de Vidal aclararon (volvieron a aclarar) que en ningún momento hubo especulación electoral y que ellos están convencidos de que ganan en cualquier fecha.
Según lo que pudo reconstruir A24.com con distintas fuentes de ambas alas del PRO, los argumentos que más pesaron fueron tres:
- Sostener a largo plazo este debate por el desdoblamiento implicaba estirar la idea de que “los políticos son todos lo mismo”. El PRO –la “nueva política”- no puede aparecer manipulando el calendario electoral como hace el peronismo.
- El desdoblamiento, aun cuando se hiciera de manera prolija, siempre iba a dar cierta perspectiva de quiebre en el “equipo”. Si Vidal se cortaba sola para no quedar pegada a la imagen de Macri, ¿cómo podría luego en octubre parecer verosímil al pedir el voto por Mauricio a la ciudadanía? Una virtud en la comunicación del PRO siempre fue el mostrarse como un equipo coherente. ¿Cómo leería la ciudadanía este quiebre? Quizás por esto, en los últimos días sobreactuaron el equipo: cuatro eventos juntos en menos de diez días y sin anuncios especiales.
- El último, menos racional: Macri no quería. Punto.
A estos argumentos se le suman algunos otros: exceso de gasto en momentos de crisis, generarle a la gente una incomodidad de tener que ir más veces a votar… Nada muy determinante pero que puede afectarlo en su propio electorado.
“Nunca jamás Vidal va a dar un paso que no sea consensuado con Mauricio”, explicaban quienes negociaban con el peronismo la opción del desdoblamiento. Decían que la decisión se tomaría a fines de febrero.
Finalmente los tiempos se precipitaron. Quisieron tener todo definido antes de que Peña se fuera de vacaciones. La “nueva política” le ganó otra vez a “la Política”. En 10 meses se sabrá si los resultados fueron los esperados. Hasta ahora, desde 2005, la estrategia de los datos fue exitosa y el PRO está invicto.
Habrá que ver cómo reacciona esta estrategia con el dólar
casi a 40, una inflación de casi el 50%, las tasas de interés a 55% y una
brutal caída del PBI. El desafío no es menor.