Disfrutaron de un almuerzo que duró poco más de dos horas, pero la gran frutilla del postre tuvo que esperar a salir del restaurante: nada menos que una parada por el local de Swarovski, donde su mujer se probó anillos y colgantes, hasta que juntos eligieron el accesorio perfecto.
"Trato de demostrarles a aquellos que amo que estoy atento, que la vorágine no me hacer perder de vista lo importante", declaró en una nota Rolón.