En Gran Hermano (Telefe) suele pasar que, con el correr de los días, el encierro y la rutina terminan jugando una mala pasada: los participantes se relajan, se olvidan de las cámaras y dicen lo primero que se les cruza por la cabeza sin medir el impacto que eso puede tener afuera. En ese contexto, cada palabra adquiere un peso distinto, porque lo que para ellos puede ser un comentario al pasar, para el público se vuelve un hecho que no pasa desapercibido.
